El recuerdo de Tiananmen debe perdurar
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:48h
“Si hubiera vencido la protesta de Tiananmen hubiéramos tenido una guerra civil”. La frase la pronunció el ya ex presidente chino, Deng Xiao Ping, tras sofocar una revuelta de la que esta pasada semana se cumplen 25 años. Quizá por eso, las autoridades del gigante asiático se han afanado -si cabe, aún más- en estrechar el cerco de la censura sobre cualquier tipo de información que hable del aniversario y en reprimir contundentemente a cualquiera que pretenda conmemorarlo. También ha intentado silenciar a las familias de las víctimas que perecieron aquellos días en Tiananmen, mostrando una vez más su faz más totalitaria.
Hace ahora 25 años, la plaza de Tiananmen se convirtió en el epicentro de un movimiento que reclamaba mayores libertades, y que fue aplastado por el ejército y la policía. La práctica totalidad de líderes estudiantiles fueron encarcelados; los pocos que pudieron exiliarse saben que no volverán a pisar suelo chino. Y es que China, conviene recordarlo, sigue siendo una dictadura. Bien es verdad que el hecho de ser la fábrica del mundo ha hecho que la rigidez totalitaria se relaje un poco, permitiendo ciertas licencias impensables en la China maoísta de hace no mucho.
Pero nada tiene que ver su enorme potencial en el ámbito comercial para obviar que estamos ante uno de los países en los que menos se respetan los derechos humanos, y más carencias de libertad padecen sus ciudadanos. La hipocresía de Occidente, mirando hacia otro lado cuando de la rentabilidad de los costes empresariales se trata, es en parte culpable de la deplorable situación que viven quienes no comulgan con las consignas oficiales. Por eso, veinticinco años después, urge rehabilitar la figura de un puñado de héroes que fueron capaces de enfrentarse a la dictadura china sin más armas que sus convicciones. Y anteponer la dignidad del ser humano a la deslocalización productiva.