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El Salvador pasa página

domingo 08 de noviembre de 2009, 01:50h
La segunda mitad del siglo XX se caracterizó en Centroamérica por una tremenda inestabilidad política. El Salvador en concreto padeció una larga guerra civil de más de diez años, uno de cuyos detonantes fue el asesinato de monseñor Romero en 1980, mientras celebraba misa. La figura del arzobispo de San Salvador es una de las más importantes de la reciente historia del continente americano, por cuanto fue capaz de enarbolar la defensa de los oprimidos denunciando la injusticia sin caer en el radicalismo. Su carácter afable y conciliador nada tiene que ver con el cliché revolucionario con que muchos han querido etiquetarle. Antes al contrario, monseñor Romero era una persona sumamente preocupada por un inminente estallido violento en su país -como así acabó sucediendo- y hacía todo lo posible por evitarlo, pero sin por ello dejar de denunciar las violaciones de derechos humanos que se producían en El Salvador.


Pasarían años hasta que en el 2000 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH- concluyera que el estado salvadoreño era el responsable final del asesinato de monseñor Romero, toda vez que la autoría intelectual había recaído ya con anterioridad sobre el fundador del partido ARENA, Roberto D’Abuisson. Pero un artificio legal de 1993 -la Ley de Amnistía General- le exoneraba de cualquier cargo. Así las cosas, pudiera parecer que el reconocimiento por parte del actual presidente Mauricio Funes de la responsabilidad estatal es simplemente un gesto, pero la realidad va mucho más allá. Asumiendo la culpa del Estado, Funes hace justicia sobre la memoria de un hombre que hizo mucho bien a su país y al resto del continente, y además lo hace mirando hacia el futuro restaurando el pasado, pero sin removerlo. Monseñor no lo habría querido, ni tampoco un jesuita español nacionalizado salvadoreño, que también moriría violentamente por denunciar la injusticia, Ignacio Ellacuría. Si Funes logra seguir pasando página sin rencor, también él habrá rendido un impagable servicio a su país. Qué tenga suerte.
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