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En defensa de Berlusconi

martes 15 de diciembre de 2009, 09:44h
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, fue agredido en Milán, al término de un mitin en la plaza del Duomo. No cabe duda de que el gesto debe ser condenado rotundamente: jamás la violencia ha representado la solución a los problemas de un país, sino más bien la evidencia de una situación política inestable y controvertida. En la actualidad, Italia parece vivir una delicada etapa, caracterizada por la difusión de un insano odio entre los contrincantes políticos y la ciudadanía civil. Sin embargo, pese a que a veces las acciones del Cavaliere y sus enfrentamientos con las otras instituciones nacionales pueden resultar cuestionables, no se justifica en ningún momento el recurso de la violencia.


El gesto de un enfermo, un desquilibrado, certifica que el odio político ha intoxicado la discusión pública y demuestra una creciente hostilidad dentro del país. Además de refrendar la crispación política existente en Italia, el acto demuestra que la seguridad nunca puede funcionar del todo y los personajes políticos pueden ser víctimas de un atentando, independientemente de las medidas de seguridad tomadas. Por eso, la Justicia, el Derecho, las fuerzas de seguridad, a veces objeto de ataques por parte de Berlusconi, deben ser considerados elementos necesarios e intocables en un Estado de Derecho.


Desde este medio, hemos criticado la acción política de Berlusconi siempre de forma constructiva, anhelando un mejoramiento de Italia y una toma de conciencia por parte de su clase política; y ello por la importancia del país alpino en cuanto a volumen económico, tradición cultural y situación en el corazón de Europa. Creemos que Italia debe ocupar el lugar privilegiado que le corresponde dentro de la UE y que la acción de su primer ministro debe tener como fin la búsqueda de mayor protagonismo internacional más que preocuparse esencialmente de cuestiones privadas.


Finalmente, aunque el debate político puede generar más tensión de la debida y, en muchas de esas ocasiones, son los propios líderes políticos quienes con sus declaraciones encienden los ánimos de la gente, ello no puede servir de pretexto para emplear la violencia. Nunca. Así, la agresión que sufrió Silvio Berlusconi a manos de un desequilibrado mental es absolutamente condenable, sin paliativo alguno.
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