José Manuel Cuenca Toribio

José Manuel Cuenca Toribio

JOSÉ MANUEL CUENCA TORIBIO es Catedrático de Historia de la Universidad de Córdoba.

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Tribuna

Exigencia de claridad

10-07-2011

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La visión de la historia inmediata está añascada ordinariamente de sobredosis de parcialidad y ofuscamiento. Ello explica que los grandes nombres de Clío se distancien con frecuencia de su territorio, salvo excepciones meritorias.

Es comprensible que el canto al Estado de Derecho felizmente reinante se escolte de elogios hacia la democracia y condenas del autoritarismo. Resulta, sin embargo, ya algo menos entendible que su loanza se acompañe indeficientemente, como obligado contrapunto, del anatema de todo el periodo franquista. Educadas sólidamente en los centros docentes de éste, no son pocas las personalidades hodiernas distinguidas por la demonización con que su pluma o palabra llevan a cabo la pintura de aquél tiempo, sin matices ni salvedades. Por decisión del destino, la vida cuotidiana, la existencia diaria de muchos millones de españoles de tal época coincidieron, en tramos más menos dilatados, con las de la segunda dictadura militar de nuestro siglo XX, de la que su sentir y creencias los alejaron. Durante su vigencia, dichas gentes se esforzaron por cumplir con su deber, materializar algunos de sus sueños e ideales y abrir un porvenir esperanzado a las generaciones jóvenes. La injusticia se muestra elevada al comprobar que son, por lo común, los usufructuadores máximos de los beneficios del sistema democrático advenido en 1977, y hasta de las ventajas derivadas de una militancia banderiza, los más ardidos en ennegrecer los rasgos de una España en que se hizo buen cine —Berlanga (divisionario en la Rusia de 1941-2)-, se representó un excelente teatro —Buero Vallejo (encarcelado por el Régimen al final de la guerra)- y se escribió una historia admirable -Vicens Vives (represaliado)-.

Sorprende así que, en la sociedad occidental en la que el pasado se encuentra más en almoneda, el cultivo, a menudo maniqueo, de ese tramo se presente asiduo e intenso. La nitidez de funciones y deberes mide el grado de madurez de una colectividad. Historiográficamente, la mencionada actitud quizá pueda resultar provechosa; social y políticamente, es harto dudoso que desemboque en la obtención de logros positivos para la convivencia de una comunidad en cuyo imaginario se halla grabado a fuego el recuerdo de la contienda civil más excruciante de un siglo atravesado de horrores y eversiones.

El ansia de certezas define al espíritu humano. Frente al anhelante deseo de Camus, es imposible que, fuera de planteamientos trascendentes y religiosos —también de credos secularizados…-, dicha postura tenga satisfacción en la aventura terrenal de hombres y mujeres. Por el contrario, el afán de claridad, de límpidez de los diferentes escenarios en que se desenvuelve la vida social quizá sea empresa más hacedera.

Memorias justas, ajustes de cuentas hasta cierto punto lógicos han de dar paso, no obstante, en la España de los inicios de siglo y milenio, a un talante impregnado casi exclusivamente de futuro. Gran Bretaña, partera en amplia medida de la civilización contemporánea y guardiana como pocas naciones de los derechos y atributos del pasado, ofrece un ejemplo esplendente y estimulante de tal posición.







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