Firmeza de Obama
domingo 07 de junio de 2009, 01:29h
Tras el histórico discurso al mundo musulmán en la Universidad de El Cairo, ayer Obama volvió a ser protagonista de una nueva comparecencia pública en un entorno especial. Fue en Normandía, cerca de la mítica playa de Omaha, donde casi diez mil soldados estadounidenses perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial. Y la elección del lugar y el contenido de su discurso no han sido casuales: se han elegido para equilibrar y salir al paso de malos entendidos y equívocos que pudiera haber dado lugar su disertación de El Cairo. Porque fue precisamente allí, en Normandía, donde se conmemoraba el 65 aniversario del “día D”. Dadas las circunstancias, no era el momento ni el lugar para emplear un tono belicista y así lo entendieron Sarkozy y Obama, quienes hicieron un alegato común para que un conflicto semejante no volviera a repetirse pero, por eso mismo, también dejaron muy claro su compromiso con la libertad.
Es un hecho que las nuevas formas de la política exterior norteamericana son bastante más ambles que las anteriores gobiernos. Quizá por ello, hay quien ha podido malinterpretar la retórica de Obama. Se equivocan. Los compromisos estratégicos de los EE.UU. son básicamente los mismos, con independencia de quien ocupe la Casa Blanca. Cualquier político serio, que no interpreta ni gobierna la política internacional a golpe de sondeos, lo sabe. Cuanto antes se entienda ese principio elemental en España y abandonemos esa ridícula tendencia a darle al Presidente Obama un carnet del PSOE en versión zapaterista, mejor relación restableceremos con la realidad internacional. Quizá para aclarar esas cosas, el mandatario estadounidense aprovechó la ocasión para lanzar un inequívoco mensaje de firmeza a Irán. Midió sus palabras -“diplomacia dura” fue la expresión utilizada-, pero en el fondo de las mismas se apreciaba que Estados Unidos no piensa quedarse de brazos cruzados ante las provocaciones nucleares de Teherán.
En El Cairo, Obama tendió la mano al mundo musulmán y encontró una excelente acogida. Todo gesto de distensión en un tema tan sensible es siempre bien recibido. Pero que nadie se lleve a engaño: Estados Unidos es coherente con sus intereses y fiel a sus valores y aliados. E Israel es uno de ellos. Denunciar la terrible situación de los palestinos no significa confundir las cosas, tolerando las veleidades nucleares de Ahmadineyad en Irán, o el nulo respeto a los derechos humanos en las monarquías medievales del Golfo Pérsico. La administración americana, de cualquier signo, es consciente que el conflicto palestino es una situación lacerante que debe resolverse pero también el pretexto para grupos terroristas y gobiernos belicistas cuyo texto es la violencia revolucionaria y la guerra. Probablemente, Obama quería mostrar algo más de contundencia -con permiso del petróleo- en este aspecto. Hay situaciones en las que no basta un verbo florido. Hace falta decisión. De no haberla, Obama empezaría a perder el respeto de quienes confunden el “apaciguamiento” con la debilidad: una pendiente muy peligrosa porque no trae más que violencia creciente.