Huida de inversores en Argentina
viernes 04 de octubre de 2013, 23:31h
El grupo mexicano Elektra, que forma parte del consorcio Grupo Salinas, que opera Televisión Azteca, una compañía de telefonía móvil y el Banco Azteca, entre otras empresas, ha tomado la decisión de abandonar Argentina ante las muchas trabas y dificultades que se acumulan en el país para las inversiones y empresas extranjeras. La compañía mexicana ha visto como las ilusiones depositadas en operar en Argentina se han ido frustrando hasta el punto de tener que dar el carpetazo. Elektra tenía en funcionamiento numerosos locales de venta de artículos de línea blanca dirigidos hacia sectores de la población de medios y bajos ingresos, mediante la concesión de créditos con cuotas reducidas y plazos de devolución más amplios de lo habitual.
Los responsables del grupo han explicado que existe una regulación estatal excesiva, que, por ejemplo, les han impedido ampliar su negocio a la financiación del consumo popular, junto a otros problemas como una gran súbita de costes a causa de la galopante inflación, límites para cambiar los pesos a divisas o repatriación de beneficios con mucha demora.
Pero lo más preocupante es que el caso de Elektra no es el único ni aislado sino que se suma a una considerable huida de Argentina de empresas multinacionales que se viene intensificando de un tiempo a esta parte. Así, en los dos últimos años más de una veintena de inversores extranjeros se han marchado, refiriéndose todos ellos a un ambiente pesimista y poco proclive a los negocios. Entre los grupos multinacionales que decidieron irse se encuentran Exxon o British Gas, colosos petroleros, o la poderosa compañía minera Vale, de Brasil, que anuló un magno proyecto donde iba a invertir casi 3.000 millones de euros.
Es más que lamentable que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no solo no haga nada para resolver esta situación sino que parece estimularla. Resulta obvio que la inversión extranjera es una fuente de riqueza y posibilidades y su estrangulamiento, como está ocurriendo en Argentina, es un grave retroceso para el óptimo desarrollo de economías emergentes.