Irán cambia a peor
domingo 04 de marzo de 2012, 11:38h
La severa derrota sufrida este pasado viernes por Mahmud Ahmadineyad frente a los leales al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, le debilita considerablemente. Además, complica su último año en el cargo, coincidiendo en el tiempo con la interpelación parlamentaria que los vencedores en estas legislativas le formularán en relación con ciertas irregularidades y casos de corrupción. Es esta una acusación -de por sí bastante grave- a la que ninguno de sus antecesores en el cargo se ha tenido que enfrentar, y que sin duda inquietará a Ahmadineyad.
Por otro lado, la victoria electoral del sector denominado “principalista” no es en absoluto tranquilizadora. Su cuya cabeza más visible es el actual presidente del Parlamento, Ali Lariyani, representante a la vez del ala más dura de los clérigos chiíes. Por un lado, esto implica que la represión será aún mayor y que la posibilidad de algún tipo de medida aperturista es casi una quimera. Por otro, que la política nuclear y el belicismo hacia Occidente apenas variarán. Una mala noticia, en suma, tanto para el pueblo iraní, sojuzgado por una teocracia cuyo respeto por los derechos humanos es prácticamente nulo, como para la estabilidad de una zona en permanente tensión.