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EDITORIAL

Las máscaras de Correa

24-07-2009

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Desde hace un año los rumores sobre los presuntos vínculos entre el presidente de Ecuador, Rafael Correa, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) no han dejado de sonar en el caudal de los revueltos ríos de la diplomacia suramericana. Desde marzo de 2008, cuando “Raúl Reyes” -portavoz y figura emblemática de la citada organización narco-terrorista- fuera abatido en combate por el Ejército colombiano, en territorio ecuatoriano, el mandatario, perteneciente a las filas del socialismo del siglo XXI, ha despertado la suspicacia en el corazón del Ejecutivo de Álvaro Uribe.

Los ordenadores del desaparecido “Reyes” han supuesto para los servicios de inteligencia y la Fiscalía colombiana, una verdadera “Caja de Pandora”. Los archivos informáticos del líder guerrillero, así como un sustancioso volumen de correos electrónicos constatan, no sólo los nexos del grupo narcoterrorista con Correa, sino que también, con ex funcionarios de su gobierno: como, por ejemplo, el controvertido luís Ignacio Chauvín -fundador de la Brigada Nacional Simón Bolívar en Ecuador y presunto emisario de las FARC- que opera bajo el alias de “Nacho”, que de vez en cuando y de cuando en vez, se disfraza de activista humanitario.

Los vínculos del gobierno ecuatoriano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia van más allá de las afinidades y simpatías ideológicas que les unen. De acuerdo con el informativo de la cadena colombiana RCN, Rafael Correa recibió la jugosa suma de 300 mil dólares (212 mil euros) de manos de las FARC para financiar su campaña presidencial de 2006. Un hecho más que comprometedor para el Jefe de Estado de Ecuador, que quiere seguir los pasos de su homólogo venezolano, Hugo Chávez, mentor de la neo-revolución iberoamericana.

Por el momento, la Fiscalía colombiana sigue escudriñando en los ordenadores de “Reyes”, que aún tiene muchas cosas que contar, las cuales seguramente ayudarán a esclarecer algunos de los rumores que pululan con fuerza en el lobby latinoamericano. Mientras tanto, Correa tendrá que ingeniárselas para ver cómo saldrá parado de la que le está cayendo encima, porque las máscaras que han escudado todo este tiempo su imagen como estadista comienzan a caerse.







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