¿Moratinos, embajador de Castro?
martes 06 de julio de 2010, 00:19h
De aquí a final de año corresponde a Bélgica la presidencia rotatoria de la Unión Europea. Liberada ya de tan pesada carga, la diplomacia española puede volver a trabajar -es un decir- en nombre propio y no de los 27. Eso le da al ministro Moratinos la oportunidad de seguir por una senda por la que ninguno de sus socios europeos ha querido acompañarle durante el primer semestre del año, la de los paños calientes con –cuando no la justificación de- la dictadura castrista. De hecho, el canciller español visitará en breve la isla para reunirse con las autoridades cubanas, pero no con la disidencia. Mucho menos con Guillermo Fariñas, al borde de la muerte por reclamar algo que al Gobierno español no parece afectarle mucho; que haya reformas democráticas de una vez en Cuba.
Siendo inadmisible la complacencia del Ejecutivo con la dictadura castrista, lo es aún más que ignore a sus víctimas. Prácticamente a diario se comentan los presuntos gestos de la dictadura cubana en las últimas semanas, cuando lo único que ha hecho ha sido acercar a seis presos políticos a prisiones más cercanas a sus lugares de origen y permitir que uno de ellos reciba asistencia hospitalaria. Si quisiera, La Habana podría liberar mañana mismo a todos los disidentes políticos encarcelados injustamente, más de cuatrocientas personas. Pero no quiere. Sabe que cuenta con la inestimable aquiescencia de gentes del estilo de Moratinos, verdadero embajador del castrismo en Europa, pese al escaso éxito de su “misión”. La oposición debe pedir explicaciones de porqué el Gobierno de España respalda a una dictadura que viola sistemáticamente los derechos humanos y evita deliberadamente encontrarse con sus víctimas, como Guillermo Fariñas. ¿A cambio de qué? De nada. Y eso es lo peor: la política tolerante y permisiva del gobierno español con dictadores, demagogos y caudillos no produce sino deshonor y vergüenza.