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Ociosidad y chabacanería en el sindicalismo español

sábado 11 de septiembre de 2010, 14:55h
A pocas fechas de la huelga general, las centrales sindicales calientan motores. Aunque, a la vista del trajín de los últimos días, es de suponer que este fin de semana se tomarán un respiro. Tras el lamentable espectáculo de los vídeos de UGT y el acto de masas en el que 20.000 liberados sindicales vinieron a Madrid a hacer turismo -con cargo al bolsillo del contribuyente-, parece que Méndez y Toxo han conseguido lo que querían: notoriedad. Y a fe que la han logrado.


Ocurre que en un país con más de cuatro millones largos de parados y un horizonte laboral más que sombrío, lo que necesitan los trabajadores -y los que no trabajan, que cada día son más- son soluciones en lugar de esperpentos. Los sindicatos han sido los principales valedores de una política económica, la de José Luis Rodríguez Zapatero, cuyos resultados a la vista están. La reforma del mercado de trabajo hace mucho tiempo que tenía que haberse puesto en marcha. Su demora -de la cual son responsables todos los gobiernos que en la democracia han sido, y no sólo el de Zapatero, los sindicatos son instigadores principales- es causa, en gran medida, de la actual situación.


No así los empresarios, tan denostados en el video sindical. Tampoco los trabajadores que, a fin de cuentas, son quienes más padecen las consecuencias de la crisis. Tampoco el PP, cuya labor es de oposición, no de gobierno, aunque, a tenor del mensaje lanzado por UGT y CCOO, da la impresión de que la huelga va contra ellos y los empresarios. Esos mismos empresarios, por cierto, que un número superior a 60.000, han tenido que echar el cierre en los últimos tiempos. Sesenta mil empresas quebradas, nada menos. Y los sindicatos, atacando al PP y a los empresarios, pasando por alto un pequeño detalle, cual es que quien gobierna en España desde hace más de cinco años es el PSOE, y que algo tendrá que ver en la actual coyuntura económica que sufre el país. Que lleven a cabo cuantas movilizaciones estimen oportunas; están en su prefecto derecho. Pero que muestren, para empezar, un mínimo de coherencia y decoro. Y, para continuar, que nos cuenten si proponen una política económica fuera de la Unión Europea, con un mercado proteccionista, a la Franco, y manteniendo una legislación laboral de inspiración y tradición mussoliniana que es la que todavía rige en España.
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