#PrayForVenezuela
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 22 de febrero de 2014, 20:46h
La gravedad de los sucesos en Ucrania ha relegado a un segundo plano dos noticias de la mayor trascendencia. Por una parte, el informe de Naciones Unidas sobre las violaciones de derechos humanos en Corea del Norte y su detallada descripción de la maquinaria del terror comunista de Kin Jong Un. Por otro lado, el ciclo de protestas en Venezuela y la represión sistemática de la oposición a manos de los grupos paramilitares del régimen de Maduro. Sé que se llama asimismo “bolivariano” pero me niego a mancillar la memoria de un prócer dando su nombre a un aparato de opresión como el que encarna el madurismo, que aspira a ser un chavismo sin Chávez.
Cuando dirigir una empresa privada, ser periodista independiente o ejercer la abogacía libre son profesiones de riesgo, la situación acaba estallando. El detonante fueron las manifestaciones estudiantiles del pasado 12 de febrero en reivindicación de mayor seguridad, el fin de la escasez de bienes y una mayor libertad de información. En un régimen totalitario, esto es garantía de tener problemas. Así ha ocurrido. Agentes de la policía política abrieron fuego contra ellos.
Hay que admitir, sin embargo, el éxito propagandístico del chavismo y el madurismo. La repetición de procesos electorales sin garantías pero con apariencia, los pucherazos, la presión sobre los opositores y el abrumador control de los medios de comunicación han brindado al régimen una imagen democrática superficial pero efectiva. Sus diplomáticos y agitadores repiten una y otra vez que en Venezuela se han celebrado decenas de elecciones y referendos y que todos los ha ganado el chavismo. Por supuesto, silencian la persecución y encarcelamiento de los opositores, el cierre de medios de comunicación, el control del papel para forzar el cierre de periódicos, la confiscación y la expropiación como políticas de Estado, la militarización de la sociedad y el miedo a disentir dentro de los propios chavistas. Hasta ahora han cerrado doce periódicos y los que aguantan han reducido en un 60% su paginación.
La Cuba castrista ha logrado convertir Venezuela en un protectorado donde los servicios secretos han instaurado la delación y el acoso político como formas de vida. Los asesores de La Habana controlan los resortes del poder desde las fuerzas armadas y la policía hasta la política energética y el suministro de alimentos. La delincuencia común se ha convertido en el pretexto para el control social y, a la vez, en el recurso fácil para ejercer la violencia contra los opositores. Las cadenas de televisión como CNN en Español y la colombiana NTN24 sufren ahora el acoso que antes padeció, por ejemplo, RCTVI Radio Caracas Televisión Internacional. En las concentraciones y manifestaciones de la oposición, se suele corear una consigna que dice “que no, que no/ que no nos da la gana/ una dictadura igualita a la cubana”
Hasta el momento, las protestas han dejado un trágico saldo de ocho muertos y 137 heridos. El líder opositor Leopoldo López está en prisión acusado de terrorismo. Las armas las tienen las bandas de chavistas, la policía y el Ejército. Los rumores de descontento entre las fuerzas armadas crecen a medida que Maduro va endureciendo la represión. Resuenan las palabras de Bolívar: “Maldito el soldado que apunta su arma contra su pueblo”. De eso saben mucho los pueblos de América: el militarismo, el golpismo, las falsas proclamas de defensa de la patria como pretexto para la tortura y la desaparición, el gorilismo, una de cuyas expresiones de fin de siglo es el chavismo, que ahora aspira a continuar sin Chávez. Carlos Valdés, el babalawo cubano que inició a Chávez en la santería, afirmó con tristeza que en Venezuela habría derramamiento de sangre.
Sin embargo, el declive del régimen es innegable. Apenas un año después de la muerte de Chávez, Maduro ha sufrido una pérdida de apoyo popular que solo puede compensar con medidas populistas de poco recorrido y mucho coste. Por ejemplo, forzar una bajada del precio de los alimentos a costa de ejercer violencia sobre las clases medias. Es obligatorio para todas las cadenas de televisión emitir los mensajes importantes del Presidente. Aun así, Maduro ganó las elecciones de un modo muy dudoso y con solo una ventaja del 1% sobre su principal rival, Capriles. Por otra parte, el madurismo no logra controlar las redes sociales que, desde Venezuela, informan sobre la represión sorteando los filtros y el cierre de sitios web. Cada teléfono móvil es un ojo que el mundo pone sobre los manifestantes. La muerte de Génesis Carmona, Miss turismo Carabobo 2013, a manos de unos pistoleros motorizados ha conmocionado las redes sociales. Sofía Vergara, Juanes y Chayanne se han solidarizado con los manifestantes. El clamor de protesta contra Maduro es imparable en las redes. Las etiquetas #MaduroVeteYa y #PrayForVenezuela son tendencias mundiales de forma recurrente.
Maduro resiste pero el tiempo se le acaba. Diosdado Cabello y otros prohombres del régimen van tomando distancia del heredero de Chávez. Quizás el Pacto de la Habana, que convirtió a Maduro en sucesor, haya llegado a su fin.
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Analista político
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