Riesgo secesionista en Bélgica
martes 14 de junio de 2011, 00:09h
Desde hace ahora un año, Bélgica está de facto partida en dos y en una suerte de desgobierno que perturba considerablemente la política europea. En cierto modo, también la financiera, y es que a los mercados sigue sin gustarles mucho que los independentistas flamencos ganasen los comicios de 2010, poniendo al país en una tesitura sumamente complicada. No es para menos. Si bien no hay un partido belga que aglutine el sentir mayoritario de la población, sí es un hecho que la zona flamenca se ha decantado abiertamente por una opción que puede acabar por fracturar el país definitivamente; un país, conviene no olvidarlo, que forma parte de la zona euro.
Ha de armonizarse ahora la dualidad que surge entre una Europa de los 27, cuya inamovilidad de fronteras es casi una necesidad vital y, por otro, la decisión adoptada en las urnas por un país soberano. Corresponde ahora a los otros 26 países restantes convencer a los belgas de la premura con que deben llegar a un entendimiento eficaz, no sólo por el interés de Bélgica sino del resto de estados miembros. Y, al mismo tiempo, que nadie caiga en la tentación de utilizar el caso belga como ariete nacionalista comparando lo incomparable. Bélgica es un país muy joven, desde cuya creación la tensión entre valones y flamencos ha sido una constante; constante que ahora amenaza con transmutarse en ruptura.