Solana, Almunia y la quiniela europea de Zapatero
Algo hay detrás del “firme y permanente respaldo” de José Luis Rodríguez Zapatero a José Manuel Durao Barroso para que éste continúe al frente de la Comisión Europea. Fue sorpresa para la bancada socialista que esperaba que el presidente del Ejecutivo apostara por un compañero de partido, Javier Solana, político muy apreciado en nuestro país con un gran prestigio internacional tras ser durante años secretario General de la OTAN y otros tantos representante de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.
EL IMPARCIAL ha podido saber que Zapatero ha meditado y bien su apoyo al político portugués, que no sólo pertenece al Partido Popular Europeo sino que, además, protagonizó la polémica fotografía de las Azores junto a Aznar, Blair y Bush.
El Gobierno argumenta que responde a una apuesta por la “estabilidad” necesaria para Europa meses antes de que los irlandeses se pronuncien de nuevo sobre el Tratado de Lisboa y de que España asuma la Presidencia de la Unión Europea. Para el Ejecutivo es Barroso, y no Solana que se conoce al dedillo las instituciones comunitarias, quien mejor garantizaría el clima que precisa la Unión.
Además, afirman dichas fuentes monclovitas, el presidente del Gobierno necesita corresponder a Barroso por haber hecho campaña para que se sentara con Sarkozy en la cumbre del G-20 en Washington.
Sin embargo, otros expertos políticos han desvelado a este periódico que este argumento no es más que una excusa de Zapatero para ocultar sus preferencias y estrategias internas. Durante su primera visita a la Comisión, el presidente pidió al portugués que mantuviera en el cargo a Joaquín Almunia, actual comisario para Asuntos Económicos y Monetarios.
El haber elegido a Almunia y apostado por la reelección de Barroso implica un cierto desprecio hacia Solana que llegó incluso a mostrarse dispuesto a presidir la Comisión y afirmó que le costaría mucho decir que no en el caso de que le propusieran la Presidencia de la Comisión. El sistema que establece el Tratado de Lisboa limita a los países a tener tan sólo un representante en la Comisión con lo que Solana quedaría fuera del Ejecutivo comunitario. Una pena si se tiene en cuenta que el representante de Asuntos Exteriores de la UE pasaría a ser vicepresidente de la Comisión según este Tratado.
El desafecto de Zapatero hacia Javier Solana tiene mucho que ver en este asunto. Tal vez al jefe del Ejecutivo no se le olvida aquella discusión en La Moncloa con el que fue tres veces ministro y portavoz del Gobierno con González sobre la retirada de las tropas españolas de Iraq.




