Unión Europea, banca y crisis
lunes 02 de marzo de 2009, 00:16h
La Cumbre que ha reunido este pasado domingo en Bruselas a los 27 países de la Unión Europea ha tenido carácter extraordinario. No puede decirse lo mismo de las conclusiones extraídas de la misma. Fundamentalmente, porque se ha repetido el guión de las últimas citas paneuropeas: reconocimiento de la crisis económica, declaración de buenas intenciones y llamadas al optimismo de los inversores, así como a la dinamización del negocio bancario. Poco más.
Con todo, sería injusto quedarse en el viejo cliché que define a la Unión como una entelequia inoperante en muchos aspectos. Puede que en su momento fuera así, pero si algo bueno ha tenido la crisis ha sido el despertar la conciencia del trabajo en común. Dejando a un lado las particularidades autóctonas de cada país, da la impresión de que cada vez más se va tomando conciencia de lo importante que es adoptar una línea de actuación conjunta en materias que afecten a todos. Buena prueba de ello es el mensaje de alerta que ha enviado Bruselas a sus socios, en el sentido de estar vigilantes ante la posible deriva proteccionista que pueda venir de Estados Unidos.
Pero además, la Cumbre ha prestado especial atención dos sectores muy concretos: automoción y banca. En el primer caso, los estados miembros no pueden hacer mucho. De hecho, en ocasiones es incluso beneficioso, por doloroso que sea, la inacción en determinados supuestos. Tal es el caso de Saab, en Suecia, ante cuya declaración de insolvencia el gobierno de Estocolmo ha decidido no intervenir. La crisis golpea con virulencia la práctica totalidad de sectores productivos, pero eso no es óbice para obligar al estado a que intervenga cada vez que haya una dificultad.
Caso distinto es el de la banca. Los distintos ejecutivos europeos han inyectado liquidez en sus arcas, y han adoptado disposiciones tendentes a prevenir un caos financiero. Y precisamente por eso están en disposición de exigir a las entidades financieras que abran las compuertas del crédito, cerradas a cal y canto desde hace meses. Justo es que los bancos no arriesguen los activos de sus accionistas prestando sin garantías. Pero lo que tampoco es de recibo es que soliciten ayuda pública a cambio de nada. Una cierta liberalización crediticia se antoja imprescindible para dinamizar el consumo y la vuelta a la confianza en los mercados financieros. O eso, o volverán a aflorar tentaciones intervencionistas y proteccionistas que fue lo que convirtió una recesión en 1929 en una prolongada depresión y que, hasta la fecha, se han demostrado sumamente perniciosas en el desarrollo económico global.