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EDITORIAL
Vuelta a la normalidad entre Venezuela y Estados Unidos
Caracas y Washington se han puesto de acuerdo para restablecer a sus respetivos embajadores. Finaliza así -al menos, formalmente- un desencuentro que se inició en septiembre pasado, cuando Chávez expulsó de Venezuela al representante diplomático estadounidense, con la burda excusa de solidarizarse con su homólogo boliviano, Evo Morales, quien había hecho lo propio en su país. Entonces, la decisión no sorprendió a propios ni a extraños ya que, estando Chávez por medio, nada es imposible, por absurdo que sea.
Con todo, era un secreto a voces que las relaciones se restablecerían más pronto que tarde y que el impulso provendría de Caracas, como no podía ser de otra manera. Por mucho que le cueste reconocerlo al mandatario venezolano, mantener unas buenas relaciones con Estados Unidos es una cuestión de estado vital. Chávez amenazó a Obama con cortar el suministro de petróleo, pero sabe que tal cosa arruinaría al país, y que a Estados Unidos no le faltarían proveedores. Al mismo tiempo, el encanto del nuevo inquilino de la Casa Blanca y su enorme impacto mediático no han pasado desapercibidos al mandatario bolivariano, cuyo enfermizo afán de protagonismo necesita de gestos como el de la reconciliación para ocupar su cuota de pantalla. En cualquier caso, aunque medien por detrás razones de otra índole diferente a las estrictamente políticas, es de destacar la vuelta al entendimiento entre dos naciones que nunca debieron de enfrentarse. Pese a Chávez.




