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Análisis

Bolivia: entre la novedad y la incertidumbre

lunes 26 de enero de 2009, 13:03h
El 60 por ciento de los bolivianos le dijeron sí al nuevo proyecto constitucional de Evo Morales, que si bien aduce defender la condición plurinacional de Bolivia con el objeto de promover la integración de las comunidades indígenas y de las autonomías, también propone la puesta en marcha de un sistema económico “estatista”, que según las facciones opositoras al gobierno de Morales, conllevaría a la centralización del país.

En otras palabras, los entes autonómicos que conforman el estado boliviano dejarían de actuar de forma independiente para estar supeditados al poder ejecutivo, un hecho que despierta, sobre todo, la preocupación de la población mestiza que considera que la recién aprobada Carta Magna promueve una serie de políticas de índole étnico-nacionalista, cuyo peso se inclinaría a favor de un solo sector de la población y no del conjunto de la sociedad boliviana.

El inconveniente que presenta dicha Constitución, no subyace precisamente en la necesaria reivindicación de los derechos de la mayoría indígena, que como bien es sabido, vive en condiciones de marginalidad y pobreza extrema; si no que éstos sean el instrumento de una ola populista que termine dividiendo al país en dos bandos con el propósito de establecer los cimentos para que Evo Morales pueda perpetuarse en el poder.
Los resultados de la jornada electoral del domingo demuestran un paulatino proceso de división dentro del país suramericano. Mientras el sí se impuso en La Paz, Cochabamba, Potosí y Oruro, la negativa a la nueva Constitución tuvo lugar en Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija; cuatro ciudades con gobierno autonomista que conforman la pujante “Región de la Media Luna”, una zona estratégica para el desarrollo económico de Bolivia, por concentrar 42 por ciento del PIB del país, debido a que posee importantes yacimientos de hidrocarburos y una significativa actividad agrícola y ganadera.

Aún cuando Evo Morales cuenta con el beneplácito de sus seguidores y la primera Carta Magna en cuatro décadas debajo del brazo, no lo va a tener del todo fácil. El mandatario tendrá que hacer frente a una oposición más activa y despierta, que no acepta que su país se convierta en una copia del modelo de gobierno del Presidente venezolano Hugo Chávez

Sin embargo, y pese a ciertos paralelismos que pueden observarse dentro de los contextos políticos de sendos países, es necesario destacar que el caso boliviano es especialmente particular por el componente étnico que lo preside. Es por ello que se espera que los 411 artículos de la Constitución de 2009 velen por el bienestar y la cohesión de la multiétnica sociedad boliviana, y no estén al servicio de intereses partidistas que sólo buscan mantenerse en el poder a costa de los deseos de una población mayoritariamente indígena que necesita dejar de vivir al margen de la sociedad.