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Brasil y China: un nuevo escenario comercial en Sudamérica

Julimar da Silva Bichara
martes 26 de mayo de 2009, 18:16h
En la semana pasada el presidente de Brasil estuvo de visita oficial a China. Este hecho tiene aspectos muy relevantes. Por una parte, tal y como indicaban las tendencias comerciales de los últimos años, China se ha transformado en el primer socio comercial brasileño, superando a los EEUU (aunque, la UE como bloque económico, sigue siendo el principal socio comercial brasileño). Por otra parte, en el escenario político internacional, ambos países son potencias emergentes y buscan incrementar su capacidad de acción internacional a través del fortalecimiento del multilateralismo. Sin embargo, a pesar de las oportunidades que están siendo abiertas, con nuevos espacios para la cooperación, también se está incrementando la competencia comercial entre ambos países, sobre todo en el espacio sudamericano, lo que es actualmente el principal desafío para la política comercial brasileña.

Antes de analizar estos nuevos retos, es importante destacar que este resultado supone un éxito para la política exterior del actual gobierno de Brasil, que está privilegiando el desarrollo de nuevos mercados, potenciando el llamado comercio sur-sur en detrimento del norte-sur. Esta estrategia surge como una consecuencia del fracaso de las negociaciones desarrolladas en el marco de la OMC, en el ALCA y entre el Mercosur y la Unión Europea. Pues la necesidad de fomentar el crecimiento del comercio exterior brasileño, como fuente de recursos externos, ha llevado a la búsqueda de alternativas comerciales en los mercados de los países emergentes. De hecho, aunque el comercio ha disminuido en los últimos meses, entre enero y abril, se ha incrementado el comercio de Brasil con los países emergentes, un 67% con Asia y alrededor del 5% con África. Es decir, el superávit comercial del que disfruta hoy la economía brasileña se debe, por lo menos en un porcentaje muy significativo, a esta estrategia comercial. Además, desde el punto de vista de los efectos multiplicadores, sobre todo en estos momentos de crisis económica internacional, esto puede reducir la intensidad de la desaceleración y promover una recuperación más rápida.

Sin embargo, el intercambio comercial entre Brasil y China es del tipo norte-sur, es decir, Brasil exporta producto primarios e importa productos industrializados de mayor valor añadido; por lo tanto, no cambia significativamente la estructura de comercio exterior del país. Además, China se está convirtiendo en el principal competidor de Brasil en los mercados sudamericanos de productos industrializados. Utilizando una política comercial agresiva, con fuentes de financiación para las importaciones, China también se está transformando en el mayor socio comercial de los países latinoamericanos, con una estructura de exportaciones semejante a la brasileña, lo que está provocando pérdidas de mercados para Brasil. Esto sitúa al gigante asiático en el tablero de las relaciones económicas internacionales latinoamericanas y se constituye en el principal desafío para la competitividad de las exportaciones brasileñas.

La visita de Lula de Silva a China puede ser entendida en el contexto de estos desafíos. A parte de la búsqueda de fortalecer la cooperación en diferentes campos (lo típico en este tipo de visita) y de la propuesta (un tanto original) de que los intercambios internacionales se realicen en moneda local, en sustitución al dólar, no cabe duda de que Brasil necesita generar un acuerdo comercial equilibrado y simétrico, abriendo mercado para sus productos industrializados, bajo la amenaza de que se transforme en un exportador de materias primas.
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