México tras 15 años en la OCDE
jueves 08 de octubre de 2009, 19:58h
Cuando en mayo de 1994 México concretó un intrincado proceso de cabildeo para incorporarse a la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos), había serias dudas de las razones para ingresar en ella y de las ventajas que se obtendrían por alcanzar tan importante membresía.
Ciertamente las cifras económicas del país no eran malas, pero entonces se dijo y no sin razón, que el país quizás obtendría un diez en economía, pero cero en democracia. Ya había serias dudas acerca de si la democracia mexicana sería creíble dentro y fuera, en caso de que el PRI ganará la elección de agosto de ese año (como sucedió), pero más allá de valoraciones políticas coyunturales, el ingreso en la OCDE pasó casi desapercibido en su día, eclipsado por las notas que tan convulso año generaban día con día.
En estos cinco lustros ha costado tiempo acostumbrarse a la utilidad de pertenecer a la OCDE, a medir nuestro desarrollo en función de otros países destacados que son miembros de este organismo. Una medición que resulta pertinente y recomendable, pues estandariza los índices de medición y nos coloca en una posición mucho más ventajosa al momento de efectuar mediciones y comparaciones necesarias cuando se requiere saber los índices de desarrollo, los parámetros de crecimiento y los criterios con los cuales podemos contabilizar nuestros avances, retrocesos y estancamientos.
Poco a poco dejamos esa malsana práctica de compararnos sólo con Estados Unidos, con un comparativo descomunal, para descubrir que el desarrollo mundial es diverso y que entonces, no quedamos tan expuestos cuando verificamos a veces la media que reporta la OCDE.
Por otra parte, no nos convencen del todo como únicas, las bondades de la pertenencia para México, enlistadas en un capítulo puesto en español en la página del organismo, en que puede leerse que aquella ha contribuido a robustecer a la administración pública en México, a contrastar sus políticas públicas, a poner a disposición de “distintos sectores del país” ciertos análisis de información relevante. Uno pensaría que ha servido de poco.
Mas no es solo eso y falta mucho por lograr. Por si sola, la membresía a la OCDE no ha favorecido la transparencia en México, por citar un ejemplo. Cierto, hoy los índices de OCDE no pueden minimizarse y deben tomarse en cuenta en todo cuanto se estudia. Hoy evidencian nuestras deficientes políticas públicas o las avalan. Pocos políticos lo asumen.
Así, pertenecer ala OCDE debería de propiciar el desarrollo de políticas públicas más eficaces; de transparencia, de generación de empleos, de responsabilidad compartida. Pero estar en la OCDE facilitaría que se vayan creando condiciones en pro de alcanzar esas metas tan necesarias.
Pertenecer a la OCDE ha sido positivo, pero no solo per se, lo ha sido pues nos ha hecho más conscientes de la necesidad de avanzar y de ir midiendo el avance en función de otras experiencias. Enhorabuena de pertenecer a este organismo, hoy dirigido por el mexicano José Ángel Gurría.