Un tema delicado en Estados Unidos
lunes 09 de noviembre de 2009, 16:10h
Para un europeo quizá parezca incomprensible que un gran porcentaje de los norteamericanos no quieran un mejor sistema sanitario, más completo y gratuito. Lo que parece aún más extraño es que parte de estos americanos que se oponen a una reforma sanitaria no tengan un buen seguro médico, y se conformen con los deficientes sistemas de Medicaid y Medicare en los cuales no todos son elegibles.
En Estados Unidos la mayor parte de la población requiere de un seguro médico privado, cuyo costo varía según la cobertura y los servicios afiliados. Como empleado de una empresa, ésta debe proveer de dicho seguro, pero para los autónomos la adquisición es muchas veces difícil por las altas primas a pagar. Así personas que trabajan por su cuenta, freelance, con ingresos no superiores a US$50.000 anuales o incluso un poco mayores, deben conformarse con seguros médicos con poca cobertura y pocos médicos y clínicas afiliadas.
Michael Moore nos puede caer bien o mal, pero su película Sicko, amén de dar una visión particular sobre la sanidad en Estados Unidos, muestra un problema con el que un gran número de personas debe lidiar cada día y es la falta de buena atención médica, de burocracia con las compañías aseguradoras y hospitales, y de fraude.
El sistema sanitario estadounidense existente es una mezcla de fondos federales y estatales, por lo cual la atención difiere en cada estado. Mientras que en algunos la cobertura es más amplia e incluyente, como en el caso de Nueva York, en otros son pocas las personas que tienen acceso a él. La propuesta del presidente Obama, ya aprobada por poco margen en la Cámara de Representantes, tiene como finalidad mejorar la atención para toda la población. Sin embargo, la reforma al sistema sanitario es un tema delicado en ese país, en parte debido a intereses particulares de grandes empresas aseguradoras, pero en mayor medida por otras razones. Existen aspectos como la subida de impuestos que se piensa se necesitaría para sufragar una nueva sanidad, pero también por una idea de cultura política. Es decir que en Estados Unidos existe la idea de que el estado es un órgano regulador, pero no debe ser una institución paternalista que se ocupe de todo. La sanidad es un aspecto más de la economía del país, y por lo tanto deben existir regulaciones, pero no intervención estatal.
La propuesta de Barack Obama es necesaria para muchos estadounidenses, pero aún queda camino por recorrer y esperar a la decisión del Senado. Ojala que de aprobarse, varias personas dejen de buscar trabajo sólo por conseguir un buen seguro médico, que todos aquellos que se encuentren enfermos reciban la atención adecuada y pronta cerca de su lugar de residencia, y que los ciudadanos de un país de primer mundo dejen de tener un sistema sanitario de tercer mundo.
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Interna- cionalista
HEBE CUE es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset y experta en Relaciones Internacionales
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