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Critica de cine

[i]Nunca me abandones[/i]: futurista e inquietante drama sobre el destino marcado

sábado 19 de marzo de 2011, 12:45h
Adaptación fiel de la exitosa novela homónima del escritor británico de origen japonés, Kazuo Ishiguro, acaba de estrenarse en España “Nunca me abandones”, la cinta protagonizada por un excelente trío de actores, Keira Knightley, Carey Mulligan y Andrew Gardfield, considerados ya como el futuro más prometedor del cine en Gran Bretaña.
“Nunca me abandones” es una de esas películas, de las que poco se puede decir de su inquietante trama sin arriesgarse a desvelar alguno de los misterios sobre los que se construye. El destino de los protagonistas está marcado desde antes incluso de su nacimiento, pero, para quien no haya leído la novela de Ishiguro, probablemente lo mejor es que no entre en el cine sabiendo lo que el mismo les depara, para poder disfrutar, igual que lo haría con la lectura del libro, del momento en el que se empieza a entender lo que la vida significa para los extraños niños alumbrados por la pluma de su autor. En todo caso, lo van a descubrir pronto, porque, igual que ocurre con los tres pequeños protagonistas, habrá alguien que les diga para qué concreto fin han venido a este mundo. Se lo desvela una profesora atormentada por la culpa y que, a causa del premeditado desliz, es despedida fulminantemente. Pero, por otra parte, pensándolo bien, no hay nada como saber el destino, por muy cruel e incomprensible que este sea, casi desde que naces, para limitarse a aceptarlo sin hacerse demasiadas preguntas acerca de otra vida posible.

Es lo que hacen los tres protagonistas, Kathy, Tommy y Ruth, a quienes conocemos a través de los recuerdos de uno de ellos. Kathy, la más reflexiva de los tres, es la encargada de narrar durante todo el metraje lo que estamos viendo en imágenes. Y, aunque la historia esté tejida por los perturbadores mimbres de la ciencia ficción, que nadie piense en viajar a un lejano futuro, porque los hechos narrados tienen su inicio en 1978, año en el que vemos, por primera vez, el imponente edificio Hailsham, un aparentemente típico internado inglés, donde estos niños especiales aprenden a ser lo que se espera de ellos. De modo que, aunque irreal, lo que la novela, y ahora la película, que cuenta con todas las bendiciones del escritor adaptado, colaborador directo del guionista Alex Garland, se propone, no es tan peregrino. Y tampoco, además, la primera vez que constituye el núcleo de un thriller cinematográfico.

Pero aparte de este misterioso destino, la trama narra algo mucho más cercano: los amores primerizos que, igual que el destino, son capaces de marcar a quien lo experimenta. Así, Tommy se ve, a muy tierna edad, entre dos mujeres que le aman, cada una según su forma de ser, y sus relaciones con cada una de ellas son la base para la obligada convivencia de los tres. Y como consecuencia de ello, no puede faltar todo un abanico de sentimientos encontrados como la frustración, los celos, la soledad y, por supuesto, el miedo, que empujan a sus destinatarios a actuar en uno u otro sentido.

Se trata, por tanto, de un sofisticado filme muy al estilo británico, con cuidada fotografía a cargo de Adam Kimmel y una interesante banda sonora que firma Rachel Portman, dos elementos fundamentales que ayudan a ese sentido inquietante, introspectivo y de clara reflexión, que su director, Mark Romanek, consigue en cada fotograma, con un respeto absoluto a la hora de retratar el peculiar mundo del autor de la novela que se adapta.