Otro crimen de odio
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 08 de junio de 2013, 19:17h
Este jueves el joven Clément Méric, de Brest (Francia), fue asesinado por un nazi. La autopsia dice que lo mataron de un puñetazo. Clément estaba comprometido contra la homofobia. Tenía 18 años y toda la vida por delante. Su presunto asesino, de origen español, responde al nombre de Esteban Murillo y es un cabeza rapada vinculado al grupo de extrema derecha Juventudes Nacionalistas Revolucionarias, cuyo lema es “Creer, combatir, obedecer”. Clement es otra víctima del ascenso de la extrema derecha en Europa que, junto a su correlato de la extrema izquierda, supone un retroceso de un siglo en nuestra Historia. So pretexto de defensa de la familia, la extrema derecha homófoba ha salido del armario en que la habían metido la ley, la razón, la democracia y la propia dignidad del ser humano. Hace algunas semanas un grupo de jóvenes propinó una paliza a Olivier y Wilfred, dos homosexuales que paseaban por Paris. Ha habido más agresiones así en toda Europa y la tendencia es muy preocupante. El Ministro del Interior francés Manuel Valls ha declarado que “la República debe reprimir las ideas nauseabundas que nos recuerdan los peores momentos de nuestra historia” y que “por desgracia, los grupos racistas, antisemitas y homófobos están resurgiendo”.
En efecto, a nuestras democracias les está pasando algo que en Europa ya hemos vivido. Desde el linchamiento mediático y a través de las redes sociales hasta la agresión física, estamos presenciando cómo los violentos –los verbales y los físicos- se apropian poco a poco del discurso público. Los nazis y fascistas de Europa se están envolviendo en distintas banderas porque saben que las suyas ya las conocemos. Así, dicen defender la familia, la democracia y Occidente, pero en realidad combaten contra todo lo que nuestra civilización representa. Con nuevos rostros, predicando la misma ideología del odio de siempre: el antisemitismo, la islamofobia, la xenofobia, el odio contra los homosexuales, el odio contra los gitanos, el odio contra los pobres –la aporofobia-; y el odio, en fin, contra los diferentes.
El asesinato de Clément Méric - 18 años, estudiante de Ciencias Políticas -es de algún modo parte de la muerte de nuestras democracias, de los derechos y valores que vencieron una vez al fascismo, al nazismo y las ideologías totalitarias que sumieron nuestra Historia en las tinieblas. Quienes lo mataron –el autor del golpe y sus legitimadores ideológicos- están matando todo vestigio de razón y argumento en nuestra vida pública. El imprescindible cruce de opiniones se está remplazando por el insulto anónimo en las redes sociales, la consigna simplista en la pancarta, la demonización de un grupo y, finalmente, la violencia verbal y la física. Si usted piensa que este asesinato no le afecta, permítame decirle que se equivoca. La ideología del odio tiende a ampliar el catálogo de colectivos a los que señala. Esta violencia sólo generará más violencia y así sólo saldrán perdiendo la democracia y la libertad.
Durante años, muchos creyeron que el nazismo y el fascismo eran reliquias de la Historia pero se equivocaban. Si no reaccionamos con firmeza para defender la libertad y la democracia de sus enemigos, algún día nosotros seremos los siguientes y el sacrificio de todos aquellos que murieron para derrotar a las ideologías del odio habrá sido en vano. Suelo recordar la obligación que tenemos de no dar a Hitler y a sus aliados una victoria póstuma, la reflexión de Fackenheim a propósito de la responsabilidad que el Holocausto impone sobre el pueblo judío y, en cierto modo, sobre la humanidad entera. Cuando alguien incita al odio contra otro, nos amenaza a todos con sus palabras y sus acciones. No importa si su mensaje pretende legitimarse en otras causas o esconderse bajo otras banderas. La incitación al odio, a la discriminación y a la violencia deslegitiman a quien las promueve igual que deslegitima a quien las tolera por mucho que se envuelva en eslóganes por la vida, la familia, o la libertad.
No podemos vacilar en la defensa de nuestros valores frente a aquellos que pretender acabar con ellos. En estos días con mayor fuerza debemos reivindicar el valor de la razón, el argumento y el debate frente al odio, el puñetazo y el insulto. Tenemos que reaccionar. Si cedemos ante los violentos; si callamos ante los homófobos, los antisemitas, los islamófobos y, en general, los radicales; si vacilamos, en fin, ante los violentos, Europa se traicionará una vez más a sí misma.
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Analista político
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