Las verdades del Federalismo
jueves 25 de septiembre de 2008, 21:37h
Me costaría admitir que pueda haber en España un servicio cultural de la eficiencia y calidad del de la embajada del Canadá. España goza de la atención, muy perspicaz en muchas ocasiones, de los hispanistas, que han dedicado su vida a iluminar aspectos de la nuestra y a los que estamos muy agradecidos. A veces ocurre también para nuestra fortuna que son los servicios exteriores de algunos países los que de forma decidida apuestan por llevar a cabo una labor de comunicación de la realidad de sus respectivos Estados, y lo hacen con una simpatía por nuestros problemas, una delicadeza y una atención que resultan ejemplares, y de los que nuestras representaciones diplomáticas habrían de tomar buena nota.
En esta onda puede apuntarse la visita de un académico canadiense, el profesor Watts, acaba de realizar a España, impartiendo diversas conferencias sobre el federalismo y proponiendo algunas sugerencias que permitirían , quizás, entender algo mejor la realidad de nuestro Estado autonómico. Sorprenden no sólo los conocimientos del profesor Watts, un reputadísimo comparatista del federalismo, sino, a su edad, su interés por conocer los últimos detalles de los acontecimientos españoles al respecto, se tratase de la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre la Ley de consulta vasca, o las competencias, limitadas a la regulación, de las consultas populares en los nuevos Estatutos de Autonomía de Cataluña y Andalucía.
El profesor Watts insistió , en su intervención en el Centro de Estudios Constitucionales, en dos ideas importantes sobre el federalismo. Primero , vino a decir, no hay un modelo de federalismo , sino diversas manifestaciones del mismo. Así casi recordó la expresión que utiliza Laenerts y que a mí gusta repetir: el federalismo tienen muchos rostros. Ello, desde el punto de vista institucional, no quita sentido a la admisión de la distinción entre lo que he llamado, con algún eco, federalismo de integración, y el de devolución. En el primero la federación se hace sobre entidades políticas preexistentes, y el Estado común atribuye a los Estados miembros las competencias que no ha tomado para sí; en el segundo, en el que la Federación se ha formado como un proceso de descentralización, supuesto al que se asemeja el caso español, las competencias residuales corresponden al Estado común. Insistió asimismo en el carácter dinámico del federalismo: no es un modelo que se copia, sino una forma política que se hace, que se va haciendo, con pragmatismo, flexibilidad y disposición para la consecución de acuerdos.
Pero lo que quizás me llamó más la atención de la exposición del profesor canadiense fue su afirmación que fracasan, que explosionan creo que fue la expresión gráfica utilizada, más los Estado centralistas que los federales. La secesión entonces acecha antes a los Estados centralistas que a los de tipo federal o compuesto, si estos son, como resulta bien difícil imaginar de otra forma, democracias.
Esta afirmación no es una tesis apodíctica, desde luego la avala la propia experiencia canadiense; pero resulta una aseveración optimista que comparto. Es una apuesta por las virtudes integradoras de la cultura federal, quiere decirse, por la inteligencia, el diálogo y la madurez para alcanzar compromisos. De verdad que el federalismo sí que es una cara, un hermoso rostro, de la democracia.
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Catedrático
Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.
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