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el presidente español habló con sarkozy tras no ser invitado

Zapatero intenta colarse en la cumbre anticrisis de la que ha sido excluido

martes 21 de octubre de 2008, 12:29h
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, consideró este martes que en la cumbre internacional para la reforma del sistema financiero deberían participar los miembros del G8, así como los del G5, que agrupa a las principales economías emergentes (México, Brasil, China, India, y Sudáfrica). Con este plan, España quedaría fuera de una reunión imprescindible, que sería definitiva en cuanto a un acercamiento a las primeras economías mundiales.

Sakozy ha justificado la no presencia de España en que podría crear problemas con Polonia "y sus 38 millones de habitantes" y se ha excusado en que "no es él quien decide los miembros del G-8". "Tratándose del G-8, podemos desear que España, que ha progresado mucho este año, que es una gran nación, una gran economía, tenga su lugar llegado el momento, pero no soy yo quien decido", ha apuntillado.

El líder francés, sin embargo, ha afirmado que Zapatero ha jugado un "papel considerable" en la respuesta de la UE a la crisis financiera porque "fue él quien propuso la reunión del Eurogrupo" de la que salió el plan de rescate bancario.

Zapatero, que tiene el apoyo del primer ministro británico Gordon Brown, ha asegurado que ha hablado por teléfono con el presidente francés y que ambos coinciden en la conveniencia de que España esté presente en la cumbre mundial que revisará el sistema financiero internacional.

Así lo ha asegurado el propio Zapatero en una rueda de prensa celebrada en el Congreso después de conversar con Sarkozy, quien, según ha remarcado el presidente del Gobierno, es "absolutamente sensible y comprensivo" a la petición de España y está haciendo esfuerzos para que acuda a la cumbre.

La conversación ha tenido lugar después de que Sarkozy considerara en el Parlamento Europeo que en la cumbre mundial deberían participar los miembros del G-8 y los del G-5 (las principales economías emergentes), con lo que, en principio, España quedaría al margen.

El argumento defendido por Zapatero, que ha propuesto que a la reunión se invite también a un país árabe, es que no puede dejarse fuera de la cumbre "constituyente" del nuevo modelo financiero internacional a la octava potencia del mundo y a un país con un sistema financiero sólido y solvente.

Zapatero ha reconocido que no ha dado la batalla para estar en el G-8 y que esas estructuras son difíciles de cambiar, pero ha insistido en que ante un evento de esa envergadura "la octava potencia del mundo no puede estar callada".

"Hay una amplia comprensión, porque la gente sabe lo que pesa España, y vamos a intentarlo; no hay batalla que se gane si no se empieza", ha manifestado el jefe del Ejecutivo. Las razones objetivas entre países serios y "amigos" tienen peso y se abren camino, ha añadido.

Tras su charla con el jefe del Estado galo, presidente de turno de la UE, se ha mostrado además convencido de que "hará bien su trabajo", porque "si hay algún líder político en Europa que es sensible a España y a las tesis de España es el presidente Sarkozy".

Zapatero ha señalado que su deber es "trabajar para que España esté donde debe estar por lo que representa como país, donde merece estar y donde puede aportar además ideas a un tema de esta trascendencia".

"Debo hacer que mi país esté ahí; si lo conseguimos, será un mérito del país; si no lo conseguimos obviamente ya sé lo que va a pasar", ha dicho asumiendo de antemano las críticas que recibiría su Gobierno.

En su opinión, es probable que ningún país se oponga a la presencia de España y que el problema resida en que los formatos ya establecidos, como el G-8 o el G-20 son antiguos y estáticos, por lo que abrir la puerta supondría recibir demandas de muchos países.

Zapatero no ha querido concretar su propuesta de invitar a un país árabe a la cita y se ha limitado a defender la necesidad de desplegar "una cierta mirada territorial" y de contar "con todas las latitudes" en esta primera cumbre.

Tras esa reunión habrá otras citas, pero el jefe del Ejecutivo ha abogado por acelerar el proceso para dar cuanto antes seguridad a los mercados.

Sarkozy cree que es el momento de las verdaderas respuestas a la crisis
En una comparecencia ante el Parlamento Europeo, Sarkozy se mostró partidario de celebrar antes una reunión preparatoria con los socios de la UE, pero incidió en que "lo más simple" sería articular la cumbre en torno al G8, que reúne a las siete economías más industrializadas y a Rusia.

El presidente francés reiteró que, tras las medidas de urgencia para hacer frente a la crisis, ha llegado el momento de perfilar "las verdaderas respuestas" para garantizar que no vuelvan a producirse turbulencias como las actuales.

"Sería pertinente" añadir a este "debate esencial" al llamado G5, agregó Sarkozy, quien apuntó que aprovechará su próximo viaje a China, junto al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, para convencer a los gobiernos asiáticos de que asistan a esta cumbre.

El pasado fin de semana, los dos mandatarios europeos se reunieron con el presidente estadounidense, George W. Bush, para analizar la crisis financiera y acordaron que EEUU acogerá "en un futuro próximo" una primera cumbre de líderes internacionales para coordinar la respuesta global.

Ante la Eurocámara, Sarkozy explicó sus gestiones, como líder de la UE, para conseguir que Europa definiera una posición conjunta ante la crisis, algo que "no ha sido fácil", reseñó.

Dejó claro que, al organizar un encuentro de los líderes europeos del G8 -Francia, Alemania, Italia y Reino Unido-, "no queríamos insultar a nadie".

"Creíamos que si conseguíamos que esos cuatro países se pusieran de acuerdo no iría en detrimento del resto", explicó Sarkozy, para atajar las críticas por haber dejado fuera a otros países comunitarios, como España.

Reconoció, en cualquier caso, que "no siempre supimos cuál era la mejor respuesta" y subrayó que sólo se llegó a una solución tras la reunión de los líderes del Eurogrupo, que acordaron hacer lo necesario para que funcionara el mercado interbancario y evitar quiebras de entidades relevantes.

Primero el Eurogrupo y después toda la UE, en el Consejo Europeo de la semana pasada, "conseguimos ponernos de acuerdo en un plan gigantesco para permitir a las entidades trabajar y, sobre todo, tranquilizar a los pequeños ahorradores y a las empresas", reseñó Sarkozy.

Se felicitó por el éxito de la coordinación europea, pero recalcó que esto no acaba aquí y que todavía faltan por definir las verdaderas soluciones a la crisis.

Abogó por la cooperación a nivel global: "estamos ante una crisis mundial y la respuesta sólo puede ser mundial".

Sarkozy dejó claro que el objetivo no es cuestionar la economía de mercado, sino garantizar que no se vuelvan a traicionar "los valores del capitalismo".

Al exponer las ideas que Europa planteará en esa discusión global para reformar el sistema financiero, Sarkozy volvió a atacar a los paraísos fiscales y subrayó que "ningún banco que trabaje con dinero público" debe poder invertir en esos enclaves.

A su juicio, también hay que garantizar que todas las instituciones financieras están sometidas a regulación, que las remuneraciones de los ejecutivos no incentiven una toma de riesgos irresponsable y que las reglas de contabilidad de los bancos no contribuyan a agravar la crisis.

Sarkozy apostó, asimismo, por "redefinir" el sistema monetario, para tener tipos de cambio fijos y evitar, por ejemplo, que las demás economías tengan que asumir el déficit de la primera economía del mundo.
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