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La cruzada anti-internet de González- Sinde

miércoles 06 de enero de 2010, 03:53h
Desde que la SGAE -la voraz Sociedad General de Autores de España- colocó a uno de los suyos en el Gobierno, todos los ciudadanos españoles se han convertido en potenciales “piratas digitales”. Así, la ministra de Cultura, Angeles González-Sinde, sigue distinguiéndose más por sus iniciativas recaudatorias que culturales. Lo último es su idea de cerrar páginas web desde las que se produzcan descargas ilegales. Cierto es que hasta el próximo Consejo de Ministros no habrá un borrador base sobre el que debatir, pero a nadie escapa el afán intervencionista de González-Sinde en esta materia, como ella misma se ha encargado de dejar patente en todas sus declaraciones públicas.

Mal iría el Estado de Derecho si fuese la titular de Cultura, y no un tribunal, quien dilucidase qué es y qué no es legal. Angeles González-Sinde tendría que saber saber -o algún compañero o compañera de Gabinete debería informarla al respecto- que, en democracia, esa tarea corresponde a la administración de Justicia. Son los órganos jurisdiccionales correspondientes quienes han de observar posibles comportamientos ilícitos en páginas web o similares, y con arreglo a derecho actuar.

Parece evidente que el derecho a la propiedad intelectual haya de preservarse, como no podría ser de otra manera, de modo que los creadores, a su vez, tengan derecho a obtener los frutos de su obra. Pero lo que resulta inadmisible es que para perseguir la piratería musical o audiovisual -por lo demás, censurable-, la SGAE presuponga que todo aquel que adquiere una memoria USB, un CD virgen o contrata una línea ADSL lo hace con el propósito de delinquir descargando música ilegalmente de internet. Ahora, además, los internautas deberán tener cuidado con los sitios que visitan, no vaya a ser que por el mero hecho de acceder a una página de música -o, porqué no decirlo, a un periódico digital que haya colgado entre sus noticias algún vídeo destacado- se conviertan en cooperadores necesarios de un delito, nunca mejor dicho, virtual. Jamás fue buena idea poner puertas al campo.
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