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Un ex directivo de Sonatrach denuncia la “oscura ruptura del contrato” con Repsol

De la corrupción argelina que perjudica a las empresas españolas

lunes 01 de febrero de 2010, 09:58h
La lucha contra la corrupción ha desatado una verdadera tormenta en Argelia. Un ex vicepresidente de la empresa Sonatrach ha publicado una carta en la que afirma que la atribución de contratos de servicio a dedo por la dirección del holding estatal, por la que se encuentra detenida la cúpula actual, “es una gota de agua en el mar de la corrupción”, y que el verdadero nudo gordiano es “la venta de petróleo” y los contratos internacionales en el sector energético firmados por Argelia.
Hocine Malti denuncia que la compañía argelina “apenas realiza ventas spot” y que el grueso de sus exportaciones se hace con media docena de clientes. “Si se escrutan dichos clientes, se observa que detrás de cada uno de ellos hay un barón del régimen”, que posee su testaferro en Argel, pero también sus “dependientes” en cada una de las oficinas de Sonatrach en Londres o en Houston.

Habida cuenta de que las comisiones cobradas por cada contrato oscilan entre el 10 por ciento y el 15 por ciento según Malti, y teniendo en cuenta que las ventas de petróleo argelino generan cada año de 60 mil a 70 mil millones de dólares, los desfalcos al Estado son faraónicos.

El ex directivo del holding invita a la comisión de investigación a examinar entre otros, la ruptura del contrato entre Sonatrach y las españolas Repsol y Gas Natural sobre el proyecto de gas integrado de Gassi Touil, hecho “por razones poco claras”. El proyecto cuyo presupuesto era de 3.600 millones de dólares, fue recuperado por la empresa argelina y dividido en dos: uno para la construcción de un complejo de gas liquefiado en Arzew y el otro para las instalaciones de producción en Gassi Touil. Pero si el proyecto firmado con las petroleras españolas era de 3.600 millones de dólares, el resultante se eleva a 6.200 millones de dólares, ya que la refinería está evaluada en 4.700 millones de dólares y las instalaciones productivas en 1.500 millones de dólares. Con lo cual las razones aludidas por Sonatrach para romper su contrato con Repsol-Gas Natural, se muestran tergiversadas. Argelia alegó “un retraso” en el cumplimiento de contrato y unos “sobrecostes” que la hacían perder dinero. El resultado es que el presupuesto tras la compartimentación se ha elevado en un 72 por ciento, y que ya hay acumulado un retraso de tres años sin que los trabajos de realización estén en marcha.

Curiosamente, Hocine Malti señala que la empresa italiana Saipem y la japonesa JGC (Japan Gasoline) firmantes de los nuevos contratos, han realizado otros de sospechosa legalidad. El ex directivo apunta otros posibles casos de corrupción en el contrato firmado por Sonatrach con la norteamericana Anadarko para la construcción de oleoductos por valor de unos 3.000 millones de dólares, y el de una fábrica de amoníaco con la multinacional egipcia Orascom.

La “carta abierta” publicada por Hocine Malti ha desatado el huracán. “Cartas de lectores” inundan los principales diarios independientes y páginas webs dedicadas a Argelia. “Está cayendo un pie del trípode de la corrupción institucional”, afirman unánimemente. “Pero faltan los otros dos: los contratos de los megaproyectos obras públicas y la compra de armas”. En ambos sectores son los mismos “barones” del régimen los señalados por la opinión pública.

La muerte del general Beljeir
Coincidiendo en el tiempo con las operaciones anticorrupción, se ha hecho pública la noticia de la muerte del general Larbi Beljeir. Un personaje que ha estado en la sombra del poder manejando los últimos 30 años de la vida de Argelia. Fue jefe de gabinete del presidente Chadli Benjedid, y era ministro del Interior cuando el Ejército anuló las elecciones de 1991 en las que el Frente islamista se daba por ganador, procediendo a la instauración del Estado de sitio aún hoy en vigor. Al general Beljeir la clase política argelina y los medios de comunicación apodan “el cardenal”, en alusión a los franceses Richelieu y Mazarino, o los españoles Mendoza o Cisneros, “verdaderos artífices del poder a la sombra de los reyes”.

El anuncio del fallecimiento de Larbi Beljeir se hizo el jueves 28 de enero, justo el día antes del viaje del presidente Abdelaziz Buteflika a Addis Abeba para asistir a la cumbre africana. El presidente no ha asistido a su entierro. Lo que en determinados círculos se ha interpretado como deseo expreso del Jefe de Estado argelino de desentenderse del que fuera su “gran padrino”.

Esta “enemistad” de última hora coincide con la agudización de la crisis diplomática y política con Francia. El general Larbi Beljeir fue uno de los suboficiales que “desertaron” del Ejército francés, tres años después de comenzada la guarra de liberación, y que los historiadores denominan “promoción Lacoste” decidida por el general De Gaulle para tener una “quinta columna” en el seno del poder argelino independiente. Si sus seguidores consideran a Beljeir un “nacionalista que dedicó su vida por el país”, sus detractores le tachan de “hombre clave de los intereses de Francia”.

En suma, un controvertido y misterioso personaje, al que el rey de Marruecos Mohamed VI ha rendido homenaje considerándole como “uno de los grandes hombres de Estado”, empeñado en “el fortalecimiento de los lazos de fraternidad y de solidaridad que unen a los dos países hermanos, Marruecos y Argelia”. Palabras que no han sido bien apreciadas entre la clase política argelina que observa dolida la campaña de acusaciones sin precedente orquestada por el Palacio Real alauita contra el régimen de Argelia acusado de “manipular” el Frente Polisario” para “desestabilizar” el reino de Marruecos.

Si la no presencia de Buteflika en el entierro del general Beljeir pudiera justificarse por su ausencia del país, el entierro en sí mismo es aclaratorio. El “cardenal de Frenda” (su pueblo de origen) ha sido sepultado en el cementerio de El Biar, y no en el de El Alia donde se encuentra el Panteón de los Mártires y en el que están encerrados los principales protagonistas de la vida reciente de Argelia: presidentes, generales, jefes de los servicios y muyahidines combatientes de la guerra de independencia.

“Muy pronto podremos saber quién se ha opuesto a que el general Beljeir sea enterrado en El Alia”, comenta un observador de la situación en Argelia. “Si el Presidente, la cúpula militar o el jefe de los servicios secretos, el mismo que está destapando los asuntos de corrupción”. De cualquier manera, la borrasca generada por el escándalo Sonatrach, está lejos de haber amainado.
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