Del pluriempleo al desempleo
lunes 01 de febrero de 2010, 21:54h
Desde la realidad actual, dramática y desoladora, del desempleo periodístico, con cinco mil licenciados en Ciencias de la Información en el paro, resulta difícil comprender que en los años cincuenta y sesenta había pluriempleo en esta profesión, pese al ambiente general de austeridad empresarial y política. Y resulta aún más duro de comprender por el vértigo comunicador al que se han lanzado organismos públicos y privados. Un ejemplo: durante muchos años, el ayuntamiento de Madrid tenía un solo jefe de prensa, que canalizaba las consultas de los redactores municipales de los diferentes medios, que asistía a los plenos, que contestaba a las críticas, que informaba sobre los planes y proyectos, y que mantenía informado al alcalde sobre lo que decían los periódicos. Un solo periodista. Hoy, y según mis noticias, un centenar de periodistas trabajan en el ayuntamiento de Madrid para satisfacer las necesidades informativas y de imagen de los concejales. Y como en el ayuntamiento madrileño, en todos los organismos oficiales, nacionales, autonómicos o locales, en todos los bancos y empresas. Hay un denso entramado periodístico al servicio del gobierno, de la oposición, de los partidos políticos, de las comunidades, de los ayuntamientos, de las empresas, de los bancos, de los organismos públicos o privados, de las grandes corporaciones, etc. Pues bien, pese a esa inflación destinada a crear buenas imágenes, el desempleo entre los periodistas ha alcanzado cotas dramáticas. Asusta pensar en el porvenir comprobar que el número de matriculados en Ciencias de la Información en España era, últimos datos oficiales, curso 2008-09, de 48.899.
Hace cuarenta, cincuenta años, era fácil estar en nómina en un par de empresas periodísticas al terminar los estudios correspondientes, mirar con tranquilidad el fututo y embarcarse en la compra de un piso mediante una hipoteca razonable, no leonina como ahora. En medio siglo ha muerto el viejo concepto de la empresa periodística y la emocionante realidad diaria del periódico impreso está seriamente amenazada. Las nuevas tecnologías exigen nuevos criterios empresariales. Hace cien años la creación de grandes empresas periodísticas fue una de las grandes aportaciones de los comienzos del pasado siglo. La fabricación de las primeras rotativas capaces de imprimir miles de ejemplares en una hora se llevó por delante un considerable número de pequeños periódicos editados por prohombres y partidos políticos que los utilizaban en apoyo de su propia carrera. Ahora son necesarias nuevas ideas para un futuro que se presenta sombrío, tan amenazado como esa legión de periodistas hundidos en el desempleo.