Antonio D. Olano
ANTONIO D. OLANO es periodista de larga trayectoria en el ámbito cultural. Amigo personal de Pablo Picasso, es especialista en la figura del malagueño, de quien ha publicado una docena de libros.
LO INSÓLITO COTIDIANO
¡De los toros!
“Lo que no es tradición es plagio”. Sentencia dorsiana válida, como el bicarbonato, para solucionar todos los problemas. Habría que añadir que todo lo que es tradición es tópico y los topicazos son los que contribuyen a cimentar la Historia. Y a alegrarnos la vida.
Por la calle de Alcalá, un cafelito aquí, una caña bien tirada con honestos mariscos más abajo, desde una hora larga antes de la corrida, se instala en terrazas exteriores —si el tiempo no le impide- el torerio andante que se trasladará a los aledaños de la “Monumental” para dirigirse a las puertas que lo conducen hasta sus localidades. El trocito de Alcalá, descendente, podría bautizarse como “la calle de la esperanza”
Y es el momento de escuchar el optimista presagio, porque todavía los espectadores anuncian que van ¡a los toros!. Entre ellos los “aficionados” que, de antemano, utilizan su localidad que les da derecho a sentarse y, sobre todo, con un plus añadido de sufrimiento. Y al final del festejo se sentirán compensados, no importa el resultado artístico, si decepcionados, explican que vienen ¡ de los toros!.
Eso si condenan a la simas infernales a los ganaderos, toreros y, sin piedad, a los empresarios aunque sean del prestigio de los hermanos y primos Chopera, con un currículo impecable y, antes, a los Lozano, amos de este cotarro o batiburrillo de las toradas. Eso si, hay que inventarse una complicidad y la víctima propiciatoria se llama Aguirre , Esperanza con mayúscula de los españoles, de una España que de no venir los suyos con el quite de la salvación, dentro de poco no la conocerá (dixit un viejo socialista) ni Dios.
Tal vez ignoran que a ellos, profesionales del descontento, no se les puede incluir en el paquete festivo de los aficionados. ¿Qué tanto por ciento de sadismo y masoquismo hay en estas gentes que se sienten felices despotricando no solamente contra toros, toreros, empresarios, presidentes, sino contra ellos mismos.
¿Sadismo?. Recurro al bendito tópico: nadie acude a un espectáculo que se llama Fiesta para presenciar las lágrimas, el sudor y finalmente de un torero. Mas, si se suprimiese el peligro, la remota posibilidad de una tragedia, se quedarían en sus casas.
¡Masoquismo?. Para dar y tomar y convertir en una infeliz al señor Sade o al genio sufridor el pintor británico François Bacon. Solamente sus seguidores pagan a precio de reventa por el placer del auto-sufrimiento.
Ellos son los que reprochan a los aficionados de a pie y buena voluntad, que aplaudan, pidan orejas. “Pero, que coño solicita usted…para eso hay que saber de toros como los que llevamos cincuenta años viniendo a 7. Arrogantes como todos los que no saben de nada, ignoran que es necesario aprender, para después saber.
Y, óigame usted caballero, si de verdad solamente se sientan en los tendidos los expertos, las plazas se quedarían vacías. Y sin recaudación para satisfacer los honorarios de acomodadores, porteros, toreros. Porque los exigentes “expertos” procuran colarse sin satisfacer un solo euro.
El retorno de los insatisfechos merecería que el trayecto que separa el coso madrileño de Manuel Becerra, fuese bautizado como “la calle de la amargura”
Menos mal que aun nos restan los tradicionales bares cercanos, invasión de la calle vaso en ristre y tapita en boca. Allí más que intercambiarse opiniones, se grita con voz en cuello para imponer la razón.
La trifulca, el vinacho y el papeo son el epílogo de la función. Suelo escuchar devotamente al chulo de toriles, a los subalternos, a mis amigas aficionadas y contestatarias sin necesidad del clavel identificador, a los grandes cronistas Donaire, del Moral, Zabalita, Illán que imparten cursos escritos u oralesde lo que de verdad es la FiestaIncluso busco el bar o taberna al que van mi admirada Carmen, la salmantina y ese ordenador humano, memoria y sabiduría deslumbrante, que es José Luís Suárez Güanes.
Toda esa buena gente hace que no me olvide de lo positivo que he presenciado sobre el albero. Y remato mi tarde de asueto en una taberna-freiduría cercana en la que a eso de la medianoche te dan una vela, la tapita ideal que acompaña a “La salve rociera”. Y, como si yo fuese mi admirado OO7 exhibo, sin reparos, mi licencia para emocionarme.




