Antonio D. Olano

Antonio D. Olano

ANTONIO D. OLANO es periodista de larga trayectoria en el ámbito cultural. Amigo personal de Pablo Picasso, es especialista en la figura del malagueño, de quien ha publicado una docena de libros.

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LO INSÓLITO COTIDIANO

Historias de Oriol Bocaccio

20-05-2010

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“Si me lees te leo”. O “si tu escribes, yo escribo”. Y es que, dentro de nosotros, todos hemos conocido una historia, que a veces la llevamos dentro, que quisiéramos que la conociesen los demás. “Si yo le contara, escribíamos un libro que ríase de esos que lee todo el mundo”. Si uno se dejase impresionar adquiriría con inmediatez el “estatus” de “negro” que así se llaman no a los de las pateras africanas sino a los que se prestan, generalmente por dinero, a escribir historias, componer canciones y hasta pitar lienzos, que firman otros monederos falsos.
Un relumbrante político, Eduardo Aunós, firmaba desde guías parisinas hasta sinfónicas, óperas, poesía, novela y hasta autógrafos en las presentaciones de “sus” libros.

Dícese de un prestigioso dramaturgo, que hizo frente a un jovenzano pedantuelo que decía en los mentideros que el escritor famoso tenía “negros” que le escribían sus dramas y comedias. Ambos se encontraron en el “Gijón” y el académico, enfurecido, se abalanzó sobre el bisoño gritándole: “Se que usted anda diciendo por ahí que tengo negros”. Trató de calmarlo el jovenzano: “No señor, lo que yo dije que, escribiendo lo bien que usted sabe hacerlo, es una pena que no enseñe a escribir a sus “negros”.

Existen otros seres de vida vivida, bien, mal, intensamente, que un buen día publican sus “Memorias” y nos hacen el favor de refrescar la nuestra. Eso ha sucedido, cuando el guerrero ya reposa sin más lucha guerrera que sus recuerdos, con Oriol Regás, prestidigitador inigualable, fabulador de realidades, que se inventó o por lo menos unió a varias generaciones, les asignó una ideología, los glorificó halagando su ego ya crecidito y nos hizo creer que era ideólogo de la única oposición —la de papel, versos y canciones, todo regado con gin y wisqui, pipermín y vodka, la única guerra de guerrillas que se podía oponer a la dictadura.

Oriol Regás, la hermosa Teresa Gimpera, el fotógrsafo Miserach, Carlos que apuntaba a cineasta de “nueva ola”, solo que a la catalana, hicieron el proyecto de algo revolucionario. Lo pensaron en Calella de Palafruguell, una noche de copas y tramontana, ese viento enloquecedor que es la canción de cuna de los geniales locos sublimes del Ampurdán.

La barricada antifranquista iba a llamarse “Snobísimo”. Oriol se decidió por el sugerente nombre de “Bocaccio”. Don Giovanni era un revolucionario por lo erótico y con ese nombre se inauguró el “bunker”, esa barricada si n “grises” que la acosasen, el l3 de febrero de l967.
Solamente les faltaba un ideólogo que diese sentido y doctrina a la muchachada, de clases acomodadas y diversos oficios más o menos burgueses. Un periodista mediocre, hijo de un mediocre escritor pretencioso, brillantemente mediocre, Joan de Sagarra, bautizó a esa tropa como “la gauche divine”.

Y la que se armó. Los pretendidos comunistas se doblegaron bajo el peso de camisas, corbatas, relojes de marca. En nada contradecirían al señor Marx, que quiso cambiarle la letra a las tesis capitalistas, a cuyas clases pertenecía y recreó una doctrina, la de la justicia social, heredada del cristianismo. Con la diferencia que éste tuvo mártires y el marxismo malcrió hordas.

Todos sentíamos envidia, nosotros mesetaria, por no disponer en Madrid de un “Bocaccio”, refugio de revolucionarios golfos, hijos de papá, artistas, bohemios con dinerillo para pagas y aceptar copas. Oriol Regás, que en otro país hubiese hecho de su Bocaccio” un multimillonario negocio tal como “Play-boy”, abrió otra sala en los madriles ( 4 de abril del 72) y la armó. Colocó lámparas entre “decó” y nuevo arte, sentó en peluches a bohemios y celebridades y se erigió en cancerbera Maruja Asquerino , una “pasionaria” fanática de teatro, cine —bien hechos- y devoradora de caballeros, a la que custodiaba hasta el amanecer Coll, sin Tip, que prefería derrochar su serio ingenio en las cervecerías.
Al brillantísimo local madrileño únicamente le faltaba un “Pitito”, escoltado por sus panteras, leones, tigres, gatos, perros y monos; pero Eduardo Gamir no poseía el don de la ubicuidad.

Oriol Regás llevó a su clientela, formada por amigos, a conocer el universo mundo. Jamás, pastor de ovejas, condujo a su rebelde rebaño como a turistas al uso.

En estas fechas primaverales, floreció de nuevo Oriol, el revolucionario con bombín y sin bombas incendiarias, con un explosivo muy bien y muy amenamente escrito: “Los años divinos”. Lo fueron y les recomiendo su lectura. Recordaremos una España sin paro, sin crisis; pro en la que florecía el talento, la creación artística. La España de Oriol Regás que era tan poco revanchista, que abandonó las dos remidas y rencorosas Españas. En una España tan permisiva que hasta se pr4gonaba “la gauche divine” que en esta democracia que cerró en falso, hoy sería imposible.
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