Concha D’Olhaberriague

Concha D’Olhaberriague

Catedrática de Griego en el Instituto Gran Capitán de Madrid y doctora en Lengua Española y Lingüística General.

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La Casa de las Flores

29-03-2009

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Tiene nombre de cuento. Es hermosa, llena de luz, elegante y sobria. Ladrillo combinado con verde, como en la Residencia de Estudiantes de la colina de los chopos juanramoniana, son sus colores. Un jardín interior con glorietas, pérgolas, fuentes cóncavas de granito y un gran rectángulo terroso divide sus dos cuerpos. Tiene terrazas amplias y hondas hacia la calle, otras voladas sobre el jardín, grandes ventanas, algunos portales con zaguán, y arcos en los bajos que hacen ángulo entre dos calles. Sus espacios abiertos incitan a salir, andar y ver. Al comienzo de los años treinta del siglo pasado, cuando la concibió el arquitecto Secundino Zuazo, estaba casi en una esquina de Madrid, mirando hacia la nueva Ciudad Universitaria.

En la Casa de las Flores vivió Pablo Neruda en 1934. Era, entonces, cónsul de Chile. Una placa en la calle de Hilarión Eslava lo recuerda. Él mismo también lo hizo en Confieso que he vivido. Otro huésped ilustre fue Francisco Grande Cobián, vecino de la calle de Rodríguez San Pedro, en la finca cuyas terrazas miran a Princesa. Detrás, en Meléndez Valdés, queda aún memoria del escritor bohemio Emilio Carrère y de la capa que siempre vistió. Dicen que su poema "La musa del arroyo", publicado en Los lunes de El Imparcial en 1907, dio mucho que hablar. Nadie parece saber, en cambio, que en el otro portal de esta misma calle, en el tercer piso, tuvo su hogar un par de años José Gaos, discípulo singular de Ortega y Gasset y, más tarde, maestro orteguiano en Méjico. María de los Ángeles Gaos, hija mayor del filósofo, no olvidó el jardín interior, ni el color de la puerta, "azul rey", ni la gran mirilla dorada. Era niña aún cuando la familia partió al exilio y del interior del piso no le ha quedado recuerdo alguno, según dice en su bello libro Una tarde con mi padre. Recuerdo de José Gaos.

Descubrir este vínculo orteguiano de la Casa de las Flores me llenó de alegría. Yo nací en ella, como Paloma Gaos, la hija pequeña de don José. Tuve la suerte de escuchar a las dos hermanas en La Casa de América, con motivo de un homenaje tributado a su padre en el centenario de su nacimiento, en el año 2000. Vaya para ellas este artículo.







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