Martín-Miguel Rubio Esteban

Martín-Miguel Rubio Esteban

MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN es doctor en Filología Clásica, autor de ensayos sobre literatura latina, política e historia y Catedrático de Instituto.

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MIRADA ESCOLÁSTICA

Tiranos aspirantes

08-01-2010

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Así como el sofista Protágoras vio en la Democracia la mejor expresión del orden político, dado que sólo en ella el hombre parece poder desarrollar todas sus capacidades y expresar libremente sus criterios sobre el mundo, constituyendo la interacción entre los pareceres de todos la mejor garantía de la libertad, el sofista Gorgias, en cambio, consideró con cierto pesimismo antropológico que determinadas prácticas fraudulentas en la Democracia podrían ser incluso peores que los actos del tirano. Tanto en su deslumbrante Defensa de Helena, como en su Palamedes, Gorgias sostiene que la persuasión mentirosa del político en una Democracia es en sí misma, desde el punto de vista político, exactamente igual que el ejercicio de la violencia de la fuerza bruta por parte del tirano para conseguir o arrancar algo de sus súbditos. Gorgias argumenta que el irresistible poder de la falaz persuasión forzó a Helena a cometer acciones malas, y en ese sentido, la hermosa Helena es tan inocente de sus vergonzosas acciones como si éstas se hubiesen realizado por haber sido ella forzada y violada. La coacción o la coerción producidas por la seducción y la manipulación de las creencias no son menores ni menos criminales que si la fuerza bruta hubiera sido su instrumento. Es evidente que donde Gorgias dice Helena está realmente diciendo dêmos o pueblo. Incluso para Gorgias es más inhumano y cruel coaccionar a un ciudadano con la seducción y la falaz persuasión que con la espada, pues la espada acobarda al cuerpo, pero el espíritu puede seguir siendo libre. El pueblo para Gorgias no participa de las fechorías del político mentiroso, sino que es un mero instrumento sin alma para la comisión de dichas fechorías. Esclavo de una opinión pública formada por la propaganda, el pueblo ya sólo puede ser siervo. La política se convierte en la artesanía del encanto por la persuasión; su encantamiento puede ser tan poderoso como el engaño de los dioses ( la “atê” de los griegos ), y su coacción es de índole interna. El pueblo seducido es un pueblo abducido por los falsos argumentos que modelan sus gobernantes, verdaderos maestros de la falacia retórica. El poder fascinador de la persuasión puede causar — según el Palamedes de Gorgias — que los hombres actúen contra sus propios intereses mejores emborrachados por la propaganda política. Dado que el hombre sólo posee la apariencia de las cosas y que los dioses no quisieron hacerlos omniscientes, sino olvidadizos, ignorantes y con deseos irrefrenables, la hechicería política puede manipularlos hasta el punto de que piensen que lo bueno es hacerse daño, que el criterio del que ejerce la persuasión embaucadora lo sienta como el suyo propio. Platón en su Filebo llegó también a sostener que se puede caer en la esclavitud no sólo por la fuerza y la violencia, sino también por la seductora persuasión, y este género de esclavitud es el peor de todos pues se funda en una conciencia alienada. Es por ello que permitir en una Democracia que los políticos mientan o engañen significa invalidar por completo su hermosa utilidad protagórea, la que ayuda al hombre a desarrollar su humanidad al máximo y a expresar su verdad más personal, su experiencia insustituible.

Dos mil quinientos años después de Gorgias, su pensamiento sigue siendo clarificador para entender cómo un desastre llamado “Zapatero” pudo ser elegido en dos ocasiones por sus súbditos, padecedores de una “atê” no menor que la de Áyax Telamonio, cegado por su soberbia, potenciada por Atenea, y desatento a las sensatas razones de su esposa Tecmesa. Más aún, la mentira y el argumento falaz, agigantados por el aparato mastodóntico de la propaganda (“advertising”), hace más difícil que hoy el criterio personal de cada ciudadano no sea fagocitado por los criterios partidistas. Hoy la conciencia individual de muchos españoles ha sido sustituida por las “verdades” sectarias, contrarias al “sensus communis”, de ese nuevo “lumen gentium” en que se ha convertido el profundamente incapaz José Luis Rodríguez Zapatero. Esperemos que la realidad del hambre, del frío y del paro abran los ojos de los españoles. Frente a esta espantosa crisis, Zapatero, que no “sabe”, sólo sabe leer, impotente de imaginación, recetas pasadas y caducas ( más impuestos, más impuestos, más impuestos, hasta llegar a la tasa del Bajo Imperio Romano ), cuando como dice el culto líder conservador David Cameron, “we cannot go on like this. This is no time for business as usual. This is no time for more of the same”.

El político que miente con toda consciencia a fin de conseguir el éxito electoral no pasa de ser un aspirante a tirano.







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