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Una literatura de plena actualidad

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 08:59h
En el cultivo de la llamada historiografía “esencialista” de la nación española la supremacía correspondió durante largo tiempo a las corrientes más aperturistas y de acentuado tono liberal. Sin diferencia alguna notable en su común y ardida identificación española y patriótica con las conservadoras, se esforzaron las primeras en no dejarles a éstas la iniciativa en su despliegue y desarrollo. Escoltados por un enjambre de autores de disímil estatura intelectual pero igual propósito en época relativamente cercana, los nombres insignes de D. Ramón Menéndez Pidal, D. Salvador de Madariaga, D. Américo Castro o D. Claudio Sánchez Albornoz comparecen para refrendarlo de manera tan irrefragable como egregia. El castellanismo, la exaltación y hasta la hipertrofia de lo concerniente al paisaje físico y espiritual de Castilla como almendra de lo español fueron para todas las personalidades citadas –ninguna de ellas, con excepción del eximio medievalista Sánchez-Albornoz, venidas al mundo en el ancho solar de la Meseta- el objeto último de sus estudios y el culto primero de su pasión española.

A lo largo de la centuria pasada, monarquía, república y dictadura por partida doble no conocieron ruptura o mengua alguna en el flujo de la caudalosa corriente que vertebró con formidable a la vez que soterrada fuerza todo el curso de la enseñanza en su diferentes grados, al tiempo que se revelaba como un insuperable instrumento de cohesión social y unidad cultural de un país configurado esencial y secularmente por la pluralidad más creativa a la vez que asombrosamente armónica registrada quizás en la marcha de los grandes pueblos que hicieron a Occidente.

Llegada la Transición, su intelectual “orgánico” tal vez más respetable y, desde luego, más dotado de saberes y sensibilidad historiográficos, Julián Marías, se irguió, en una atmósfera crecientemente contestaría a compás del lento pero irrefrenable proceso de escisión nacional, en heredero por antonomasia de una cosmovisión hispana que halló también en su idolatrado maestro, D. José Ortega Gasset, un expositor preclaro de algunas facetas primordiales de aquélla. En sorprendente e inesperada compañía de plumas y sectores invidentes hasta esas fechas aurorales del actual tempo histórico –(denominarle, al modo anglosajón, establishment equivaldría a degradar en exceso el carácter genesíaco e incluso demiúrgico que poseyó para las muchas generaciones españolas nacidas trementemente a su lumbre y esperanza)-, átonos, culturalmente considerados, medios financieros, desnortadas instituciones académicas y administrativas, el autor de España inteligible. Razón histórica de las Españas (Madrid, 1985) consagró lo mejor de sus titánicas energías a la lectura renovada y actual de los clásicos de la literatura “esencialista” glosada en las presentes líneas. A juzgar por el número insólito de ediciones alcanzadas por sus varias obras sobre dicha materia, el aplauso de la opinión pública ratificó, con gesto altamente significativo en las pautas culturales de la sociedad española, el acierto de la empresa llevada a buen puerto por el pensador del que en este año de 2014 se celebra, condignamente, su primer centenario.

Su “revisita” no era, sin embargo, pedisecua ni rutinaria, sino creadora y proyectiva. La hoy otra vez incandescente y explosiva “cuestión catalana” era enfocada en sus abundosas y bien ordenadas páginas con indisimulable empatía y espíritu de comprensión. La identidad nacional también pasaba por la estima, en todo momento, del pasado y del presente ibérico de Catalunya como pieza clave y medular de lo español, sin cuyo aporte, significado y relevante presencia en el proceso de formación de la nacionalidad hispana ésta quedaría por entero desfigurada y hasta llegaría, simplemente, a mostrarse incomprensible. Desde su todavía próxima desaparición, el devenir de nuestra convivencia semeja no haber hecho otra cosa que redoblar la trascendencia de la obra del autor vallisoletano en éste y otros extremos fundamentales de la identidad española así como la vigencia, por tanto, de su literatura “esencialista”
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