a 1,5 por cada euro
Con pies de barro: crónica de la caída del dólar
jueves 28 de febrero de 2008, 17:04h
Desde la introducción del euro, la moneda paneuropea comenzó perdiendo valor frente al poderoso dólar. Su tipo de cambio frente al euro nació en los 1.167, pero comenzó a fortalecerse hasta los 0,828 dólares en octubre de 2000. Pero los atentados contra las torres gemelas lo cambiaron todo. Alan Greenspan, gobernador de la Reserva Federal, rebajó los tipos de interés del 6,5 por ciento hasta el 1 por ciento. Con esas facilidades al crédito, el mundo quedó anegado de deuda en dólares, y la confianza en la capacidad, e incluso en la intención de la Administración Bush y la Reserva Federal de apostar por un dólar fuerte comenzó a resquebrajarse.
Por ello a partir de 2002 su posición en el mercado comenzó a caer. Primero alcanzó la paridad (el 16 de julio de 2002) y más tarde cotas más altas. En 2006 se movió cómodo entre los 1,25 y 1,30 billetes verdes por euro, pero en 2007 no ha dejado de depreciarse hasta romper la cota del dólar y medio por cada moneda europea. Y no hay razones para pensar que la tendencia vaya a remitir.
Greenspan, entre referencias a la “exuberancia irracional” respecto del boom asociado al primer desarrollo de los .com, comenzó entonces a subir, en pequeños escalones de un cuarto de punto, los tipos. Encadenó 17 anuncios iguales hasta dejarlos en un 5,75 en que pareció encontrarse cómodo año y medio entre 2006 y 2007. Bernanke, que había heredado la barita mágica de la Fed, se topó entonces con las consecuencias del pasado: facilitar el crédito a tipos tan bajos había promovido que los bancos prestasen hipotecas a parados o a personas con escasa capacidad de amortizar las deudas. Son las hipotecas “subprime” que han desatado la crisis, primero en los Estados Unidos, luego en el resto del mundo.
Bernanke tiene una teoría: las crisis pasadas se produjeron porque la Fed subió los tipos, en lugar de facilitar las cosas. Él, claro está, no quiere pasar a la historia como el desencadenante de una crisis sino como su salvador. Y por ello está dispuesto a recortar tipos cuanto fuere necesario. La inflación amenaza y los recortes la azuzan. Pero Bernanke confía en que la propia desaceleración la modere. No todos son de su opinión. Los inversores mundiales, de hecho, muestran una desconfianza creciente en el dólar.
Especialmente significativa, y pronunciada, ha sido su caída frente al oro. El metal, que ha sido la base de las principales monedas durante siglos, ha quedado progresivamente desligado de ellas durante el siglo XX. Muchos autores atribuyen a este hecho el que el XX haya sido un siglo de grandes inflaciones. Pero no por ello deja de tener una función monetaria, que vuelve a brillar precisamente cuando arrecia la inflación y los billetes pierden la confianza del mercado.
En marzo de 1998 la onza troy cotizaba a 300 dólares. Con altibajos, ese precio se mantuvo hasta el mismo mes de 2002. A partir de entonces no ha parado de apreciarse. Unos pocos analistas veían la onza a 1.000 dólares, lo que para muchos parecía algo inalcanzable. Pero prácticamente se ha alcanzado. En el mediodía alcanzó los 955,80, con una revalorización de 300 dólares en sólo seis meses.
En los años anteriores de 2002, el barril de petróleo se movía en los márgenes de su precio habitual: en el entorno de los 20 dólares. A partir de 2002, cuando el dólar inicia su caída, los precios en esa moneda del barril de petróleo empiezan a subir. Con un receso en la segunda mitad de 2006, ha recuperado en 2007 la tendencia alcista y ya roza los 100 dólares. Cierto es que, en este caso, la pérdida del valor del billete verde se ha visto acompañada por factores reales. Principalmente el crecimiento con dobles dígitos de India y China.