Estamos a punto del gran colapso
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
domingo 18 de diciembre de 2011, 19:19h
Después de que las bolsas y la deuda mejoraron tras el acuerdo germano-francés para contener el déficit fiscal en todos los Estados de la Unión Europea, la desorientación y el pesimismo regresaron pronto a Europa y a las agencias de calificación financieras. Ahora se habla de que la deuda francesa bajará de puntuación, cosa que parece tan lógica como disparatada. Lo que viene ocurriendo se parece a la gran influencia psicológica que padecen ciertos enfermos. Una persona anoréxica cree estar obesa cuando realmente sufre una caquexia que le puede causar la muerte por inanición. Esto sirve para entender las directrices impulsadas por la canciller alemana Merkel y por el presidente francés Sarkozy: recetar austeridad y menos endeudamiento es como recomendar a un anoréxico que no ingiera muchos alimentos. Ciertamente, su cuerpo no asimila bien las comidas, pero es urgente alimentarlo e hidratarlo poco a poco, o intentarlo por vías excepcionales.
En Europa no existe estrategia alguna para salir de la crisis. Por seguir con la terminología médica (“desde Tucídides se usa para describir los procesos sociales”), lo único que hacen los gobernantes es “poner parches”. Y esos remedios pueden bajar la fiebre o contener la diarrea, pero como no entienden la enfermedad del enfermo, éste cada vez está peor. En Europa la situación es esa: estamos a punto del gran colapso.
¿Y por qué no se encuentran soluciones? Porque se necesitaría otra política europea. Europa tendría que dar un gran salto hacia la federalización de todos sus Estados. Pero Europa camina ahora como los cangrejos: huye hacia atrás, hacia lo nacional, hacia esa “confederación” que le conviene (electoralmente) a Merkel, y algo menos, por orden de riesgos, a Sarkozy y al premier británico David Cameron.
Recordemos el baile de la “yenka”: ¡adelante, atrás, un, dos, tres, y vuelta a empezar! En 2010, Alemania no quiso hacer una quita a la deuda griega, que muchos meses más tarde admitiría. ¿Por qué Merkel se hizo entonces la remolona? Porque tenía elecciones regionales, que con todo perdió. En 2010, esa quita hubiera salvado a Grecia y a todos los demás países con economías débiles.
El problema de la deuda griega es clarificador de la mendaz política que se hace en la Alemania de Merkel. El Gobierno griego (anterior a Papandreu) hizo unas fabulosas compras de armas francesas y alemanas. Los bancos alemanes y galos que financiaron las compras se echaron a temblar: con la crisis ¿Grecia iba a poder pagar? Pero no terminaron ahí los tembleques: si las operaciones con préstamos bancarios fallaban, ¿quién acabaría pagando los créditos? ¡Ahh! ¡Unas aseguradoras norteamericanas!
Esto explica la anormal presencia del secretario del tesoro norteamericano en la cumbre europea, en la que se decidió obedecer a Merkel y Sarkozy: ¿solo a ellos dos? Europa ha sido durante 50 años un continente ocupado por tropas americanas y soviéticas, y eso se nota.
Martin Wolf, un prestigiosísimo analista que escribe en el Financial Times ha escrito un texto (“Merkozi failed to save the eurozone”) que se ha hecho famoso. Wolf ironiza con el personaje “único” “Merkozi”. El francés y la alemana intentan beneficiarse de una situación mercantilista como la actual: yo gano todo lo que tú pierdes. Eso mismo pasa con las deudas nacionales: a los españoles, italianos, irlandeses, portugueses, etcétera (¡se podrá llegar hasta los alemanes!: ¡los británicos después!) su financiación les resulta más cara que a los alemanes. ¡Se entiende que Merkel no quiera bonos europeos! ¡Se terminaría con la actual ruptura del mercado financiero europeo, que tanto beneficia a las empresas alemanas!
Martin Wolf destroza con datos la tesis de “Merkozi” (y del cesante Zapatero y del meritorio Rajoy). Se equivocan si piensan que la crisis del euro está provocada por el endeudamiento. Cuando estalló la crisis, Irlanda, España, Estonia y Bélgica tenían un déficit modélico, por debajo del 3% del PIB, mientras Alemania, Austria y Francia lo tenían mucho mayor y desbocado. El cuanto a la deuda, pasaba lo mismo. ¿Dónde está el mal? Martin Wolf lo ha descubierto: el déficit por cuenta corriente (se compran más bienes y servicios fuera que los que se exportan) de Estonia, Portugal, Grecia, España, Irlanda e Italia es la causa de la crisis europea. Hace tiempo que José Luis Leal lo venia advirtiendo para España. “Uno encuentra en nuestras tiendas que ya no fabricamos ni abrelatas”. “Hemos creado empleos industriales en el extranjero durante nuestro boom importador económico e inmobiliario”.
Una economía como la española necesita urgentemente una inyección de liquidez para aquellas empresas que sean competitivas, y un estímulo para la demanda familiar, de modo que compren lo que aquellas producen.
José Ignacio Torreblanca, comentando el artículo de Wolf, escribió: “La austeridad no es el problema, ni tampoco la solución, sino algo que agravará la crisis. Un diseño defectuoso de la Unión Monetaria nos ha llevado hasta aquí: ahora, en lugar de corregir el error que causó esta crisis vamos a intentar enmascarar los síntomas que nos alertaban de la verdadera enfermedad. Así que vamos a hacer un Tratado para escribir en piedra un gran error. Bravo.”
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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