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La protesta del campo argentino

domingo 30 de marzo de 2008, 21:07h
Los productores agrarios argentinos han bloqueado las rutas para evitar la circulación de alimentos. De esta manera expresan su rechazo al incremento en las retenciones a la exportación de las producciones del campo (por ejemplo, el poroto de soja que en noviembre tributaba el 27,5 por ciento ahora tributa 44,1 por ciento), esto significa que de cada 10 camiones que salen cargados del campo más de 4 van directamente al Tesoro central. Sobre el resto juegan los impuestos comunes a todas las actividades (principalmente el impuesto a las ganancias y al valor agregado). Veamos ahora cuales son las raíces de este conflicto cuyo origen es esencialmente tributario.

Hay más de 3000 millones de personas en los países emergentes que demandan más cereales, oleaginosas, carnes, leche, hortalizas, legumbres, frutas, pescados y vinos. Ellos mandan a través de los precios en alza, un mensaje muy claro: “necesitamos sus alimentos porque nuestro nivel de vida está mejorando velozmente”. Las retenciones son atractivas ya que impiden el alza del costo de los alimentos en el mercado interno, evitando así presiones inflacionarias. Además son fáciles de imponer ya que no exigen la aprobación del Congreso y constituyen una tentación para los Secretarios de Hacienda, pues el Tesoro embolsa toda la recaudación sin coparticipar a las Provincias (ni siquiera a las que generan la producción). Son pocos los países que gravan sus exportaciones. Argentina lidera este reducido grupo ya que aplica no sólo impuestos a sus exportaciones sino que además les impone restricciones cuantitativas. El daño que causan al crecimiento agroindustrial estas medidas es superior al costo que venimos soportando por los subsidios y el proteccionismo que los países ricos inventaron después de la Segunda Guerra Mundial, contra el cual hemos bregado por décadas. La abolición de las retenciones tendría un efecto positivo sobre la inversión y la incorporación de más tecnología, lo cual redundaría en más producción y más empleo agroindustrial, contribuyendo así a un crecimiento regional equilibrado.

Sabemos que las retenciones sirven para aislar los precios internacionales de precios internos más bajos de alimentos. Esto es bueno para el bienestar de la gente, especialmente la más pobre, el problema es que el costo de lograr este objetivo es alto ya que el país pierde la oportunidad de aprovechar la expansión de los mercados internacionales. La pregunta es entonces cuáles son las alternativas que enfrentamos si es que no queremos perder la oportunidad que esta onda larga de crecimiento mundial significa. Comencemos por la alternativa de eliminar las retenciones y dejar que los mercados funcionen; esta propuesta no es viable por dos razones. En primer lugar aparecería un agujero fiscal, insostenible en un país endeudado; además, el impacto inmediato del alza del precio de los alimentos implicaría que más de un millón de argentinos cruzarían la línea de la pobreza. Pero aplicar retenciones a las exportaciones en esta fase expansiva del mercado globalizado de alimentos impide la plena utilización de nuestro potencial, ya que aun necesitamos más inversión y más tecnología en todos los eslabones de la cadena agroindustrial. Por ello es recomendable la eliminación gradual de estos impuestos, comenzando con las producciones regionales (arroz, frutas, legumbres, te, yerba, vinos, azúcar y tabaco). El tema fiscal es manejable, ya que aumentaría la recaudación de impuestos asociados con el incremento de producción y las mayores ganancias, cubriéndose así por lo menos el 70 por ciento de la recaudación perdida por eliminación de las retenciones. La brecha remanente debería ser cubierta por un razonable impuesto a la tierra cobrado por las provincias y que refleje la gran valorización de los campos, este impuesto es equitativo y no desalienta la producción o las inversiones como las retenciones. El incremento en el costo interno de los alimentos exigirá la implementación de subsidios focalizados a las familias de bajos ingresos. El mundo quiere más y mejores alimentos y Argentina puede producirlos, preservando el bienestar de sus sectores humildes. No hay antagonismo entre inclusión social y eficiencia económica. Es posible aprovechar esta onda larga de demanda internacional y al mismo tiempo reducir la pobreza. Lo que se requiere es entender lo que está pasando en los mercados globales y estar dispuesto a implementar políticas fiscales y sociales que no desalienten la producción y sean al mismo tiempo equitativas.

Alieto Guadagni

Economista

ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)

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