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La productividad española, mermada desde que entró en el euro
¿Por qué no podemos salir de la crisis?
La economía española no es competitiva frente a sus homólogas, lo que lastra su recuperación. Hasta la fecha, España ha logrado ganar competitividad y solventar las crisis recientes mediante la devaluación de la peseta. A pesar de que esto no es posible, al estar integrada en el euro, algunos expertos ya han sugerido realizar algo parecido, un ’parche’ al que llaman ’devaluación interna’. Sin embargo, esta medida no está exenta de consecuencias dolorosas, ya que, de aplicarse, los bolsillos de los ciudadanos se verán resentidos.
La competitividad es la gran asignatura pendiente española. En el último informe sobre la Competitividad Global 2010-2011, España ocupaba el puesto número 42 de las 139 economías del mundo, con lo que se colocaba al nivel de países como Puerto Rico o Barbados en esta materia. El índice de Competitividad Global mide un total de doce factores como las infraestructuras, el ambiente de negocios, el mercado laboral y de bienes o el mercado financiero, entre otros aspectos. España obtuvo un 4,49 sobre un índice que evalúa de 0 a 7 la competitividad. De hecho, en los dos últimos años España ha perdido trece puestos, desde la posición 29 que ocupaba en el informe de 2008-2009 hasta el 42. El profesor del IESE Business School, Xavier Vives, alertó esta semana de que la economía española ha perdido un 30% de competitividad respecto a Alemania desde la entrada en el euro. Para Vives, la solución es una ’devaluación interna’ de la economía. En el mismo sentido se ha pronunciado la banca. El presidente de la patronal, la Asociación Española de Banca, Miguel Martín, lo reclamaba este mismo miércoles durante una conferencia en Santander, mediante la aplicación de unos salarios y unos precios más bajos. Lo que plantean, en resumen es ser más pobres para vender más baratos nuestros productos en el exterior. Como explica el profesor de Economía aplicada José María O'kean, que ha escrito el libro 'España competitiva', la competitividad depende de la productividad, los costes, la inflación y las devaluaciones de moneda. Hasta ahora, la economía española había logrado competir con el resto gracias a las devaluaciones de la peseta. En el resto de aspectos, sin embargo, suspendía. El aspecto más llamativo es el de la productividad, es decir, el valor creado por hora de trabajo. Los trabajadores españoles tienen jornadas de trabajo más largas que las de los países similares del euro, según un estudio de la OCDE, y este esfuerzo, sin embargo, no se refleja en lo producido, lo que ha motivado incluso chistes en Suecia, en el programa de televisión 'La mirada sueca'. En el sketch, los empleados madrileños continuaban en la oficina a horas intempestivas pero, lejos de trabajar, estaban consultando sus redes sociales o perdían el tiempo. El profesor O'kean explica que, lejos de esta parodia, esto se debe, entre otras cosas a las deficiencias tecnológicas en las empresas y Administraciones Públicas en unos años de expansión de la revolución digital, además a la inadecuada formación de la fuerza laboral y a una cultura económica más próxima a la búsqueda de rentas que a la actividad empresarial y a la innovación. “Un 29,5% de los contratos antes de la crisis eran temporales, de seis meses o menos”, explica en una conversación con EL IMPARCIAL. Esto explica el poco interés de las empresas en formar a sus empleados. En cuanto a los costes salariales y la inflación, según O'kean, la forma de negociar los salarios en España conduce a “una espiral de en la que aumentan los costes laborales y la inflación”, ya que la subida de los salarios basada en los precios motiva precisamente que esos precios vuelvan a subir y, por tanto, se revisen al alza los salarios de nuevo. De esta manera, la competitividad se ve resentida. Precisamente para salir de esa espiral, se plantea el debate de ligar los sueldos a la productividad en vez de al IPC. Y en este sentido iba la recomendación de la banca de bajar los sueldos y los salarios. “Es una de las posibles soluciones”, afirma a este diario el profesor O’kean, “y parece que se va a imponer por las bravas”. Admite que es una medida apropiada para el corto plazo, pero sugiere una solución mixta: “Un gran pacto de renta durante dos años, en la que los precios y los salarios no crezcan”. Transcurrido este tiempo, podría plantearse ligar los salarios a la productividad, según explica. En FUNCAS, consideran que merece la pena estudiar una devaluación interna, aunque están más cercanos a realizarla como sugiere Bruselas, es decir, a través de subidas del IVA y bajadas en las cotizaciones que las empresas realizan a Hacienda, lo que también beneficiaría a la productividad a través de la reducción de costes para las empresas. A pesar de que perjudica el poder adquisitivo de los ciudadanos, María Jesús Fernández, analista de esta fundación, sugiere que estas medidas son las únicas que pueden funcionar en el corto plazo. “Se trata de reducir los costes laborales de forma inmediata”. Competir a largo plazo El profesor O’kean está de acuerdo. “Alemania es capaz de competir con la eficiencia y la creación de valor, con productos que la gente está dispuesta a pagar más”. En esto “los españoles no hemos avanzado mucho” durante los últimos años de bonanza.
Sin embargo, a largo plazo, competir con el resto de países a través de la reducción de precios no parece demasiado sensato en un mundo globalizado en el que los llamados ’dragones asiáticos’, como China, Taiwan o Corea, utilizan esta baza. Fernández, de FUNCAS, explica que tratar de competir con productos de valor añadido e innovadores es una política estructural y, por tanto, no puede producirse de la noche a la mañana.
Sin embargo, reitera, “simplemente bajar los salarios no arregla el problema, necesitamos contratos más estables”. En el corto plazo, no obstante, parece que las medidas que se tomen perjudicarán el nivel adquisitivo de los ciudadanos.


