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OPINIÓN
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Crónica económica
Un acuerdo tardío e insuficiente para Grecia
Grecia parece haber llegado a un principio de acuerdo para seguir encaminado a la vía del rescate europeo. Sin embargo, puede que no sea suficiente, lo que llevaría al país heleno a la suspensión de pagos.
Ha saltado la noticia de que Grecia ha llegado a un principio de acuerdo que le uniría todavía a la vía del rescate, que es lo que le mantiene aún con vida financiera. Pero puede que, una vez más, no sea suficiente.
“De momento es sólo un borrador de acuerdo; hasta que no reciba el visto bueno de los líderes políticos no podemos considerarlo cerrado”. Lo advierte la misma fuente que ha hecho saber que la troika y el Gobierno de Grecia ya tienen un principio de acuerdo. Recordemos que Grecia depende del paquete de rescate concedido controlado por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), y que de suspenderse el país mediterráneo se vería abocado a la suspensión de pagos. Recordemos que la troika, para seguir manteniendo la ayuda financiera, le exige a Grecia que recorte los gastos y reforme la economía para que sea, de una vez, productiva. Y recordemos, también, que Grecia ha estado utilizando su propio desastre como argumento para que no le impongan medidas muy duras y muy impopulares. Como el que amenaza con quemarse a lo bonzo porque no quiere ir a la rehabilitación por consumo de drogas.
Esta situación era tan absurda que en esta ocasión los líderes europeos ya dicen que están dispuestos a aceptar una salida de Grecia del euro. Neelie Kroes, vicepresidenta de la Comisión Europea, ha dicho que la vuelta de Grecia al dracma “no sería como si un hombre se cae por la borda”, dejando ver que la CE está dispuesta a asumir esa eventualidad. El presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, ya había ofrecido su visión en el mismo sentido. La puerta de salida está abierta. Y Grecia, en el quicio. Si da el paso o no, depende de ella.
Si ello ocurre es lo mismo que un impago, porque la devolución de las deudas se haría en una moneda brutalmente devaluada, que no valdría prácticamente nada. Sería, en verdad, un impago generalizado. Sería duro para los acreedores de Grecia. Pero sería desastroso para la economía helena. El primer ministro griego, Lukas Papademos, le encargó un informe al Ministerio de Economía sobre las consecuencias de una vuelta al dracma por parte del país. No conocemos ese informe, pero Papademos, que es economista, puede muy bien hacerse a la idea de las consecuencias de la desaparición de una moneda aceptable fuera de sus fronteras. A corto plazo serían dramáticas. A largo plazo supondría el sacrificio de más de una generación.
Ahora falta, aún, que el texto que le va a llevar el Ejecutivo griego a los partidos políticos que forman parte de la coalición que le apoya, formada por los conservadores, un partido de derechas y los socialdemócratas. Ya se conocen ciertas medidas, como el despido de 150.000 funcionarios, de los que 15.000 tendrán que buscarse empleo en el mercado este mismo año. Son todo medidas que tendría que haber adoptado el gobierno socialista de Giorgios Papandreu al que le estalló la crisis. Pero que probablemente acaben siendo aplicadas tarde, mal y nunca por otro gobierno, y ya sin poder salvar al país de la lipidia.


