Pedro Javier Cáceres
PEDRO JAVIER CÁCERES es crítico taurino y periodista.
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TRIBUNA
El "despojo de oro"
El toreo es de pitón a rabo. De intensidad y continuidad. De exquisiteces artísticas. De técnicas depuradas. De valor espartano, y, también, de espectáculo. De pellizco o de precisión. Al toro, al medio toro, al toro medio, al buey o al becerro. De Olivenza a Jaén; o al menos de Castellón o Valencia, a Zaragoza. Tienden, eruditos y “gurús”, a simplificar el toreo a un solo matador: grande, como el toreo, ¡que es grandeza!; pero de ciclos muy sintetizados y escrupulosa selectividad a beneficio de “su” inventario en hierros y plazas. Perera ha sido sin duda el torero del año, con diferencia tan abismal que es difícil recordar en los últimos tiempos temporada tan arrolladora; y junto con Ponce, Juli y El Cid son el referente de las dos últimas campañas. Por que “el toreo” es un arte sustentado en un ejercicio continuo de responsabilidad profesional. “El toreo” no puede reducirse a una “operación triunfo” (tan exitosa como efímera, “arranque de caballo andaluz y parada de burro manchego”) de jóvenes valores con reminiscencias de remedo de figura añorada por voluntariedad “guadianesca”, ni en un concurso individual de “mates” a imagen y semejanza de la gran estrella de los galácticos, Harlem Globertrotters (exhibición que no competición). ¡El torero es grandeza! Convendría que los de RNE —no los de “Clarín” —aclararan si su oreja, que la llaman “de oro”, es “fetén” o embalsamada como la de Van Ghog, cuya gloria fue post mortem. En cualquier caso demasiado barata (tal las que se cortan en pueblos y talanqueras; “despojos” — dicen, los propios taurinos —) : dos minutos de supuesta exclusiva en clara componenda y sin repercusión alguna por el burdo “apaño” y la vacuidad e indolencia de las palabras, les equipara a las manipulaciones del “está pasando” o “la noria” de Telecinco. Pd.- Con todo respeto y admiración para los profesionales de Clarín y Tendido Cero que estuvieron a la altura de las circunstancias frente a la encerrona de un jurado de “tecnócratas del periodismo”, osados e intrusos, por legos en la materia, pero sumisos y serviles a la superioridad.
De grandes ferias y de talanqueras.
Igualmente de masas, heterogéneamente taurinas, aunque sea toreo de “polvaredas”.
De óle o de ¡uy! y ¡ay!
De cante o de cuento; a veces (“el pueblo es tonto y traga”. El Pipo, dixit)
Antonio Burgos replica, al hilo del desgraciado percance del subalterno Adrián Gómez, ubicando “el toreo” (con mayor altura de miras) en el esfuerzo y el sacrificio de todos los que se visten de luces y entregan su sangre o su vida, o su calidad de vida, también desde el anonimato de la plata o el azabache.
Además, El Cid con la inercia de tres años anteriores (de tal guisa de figura), El Juli una década, y Ponce va para veinte años; todos de forma ininterrumpida.
Si no son “el toreo” en exclusiva, si son gran parte y muy importante, la más, del toreo.
Es “La Premier”, “El Calcio” o “La Liga”; todos contra todos, de principio a fin.
Es la temporada de Opera o… la NBA.
No.
Seca; valor cotizable al alza, tal que el oro. Pero no es metal precioso todo lo que reluce: hay de varios kilates, y paño de oro y baño de oro, todo en un poupurri.
Salió el “Gran Hermano” previsto. Pobre gente.
¡El torero es grandeza! Nunca sus delirios.

