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RESEÑA

Alexandr Solzhenitsyn: La casa de Matriona, seguido de Incidente en la estación de Kochetovka

domingo 04 de septiembre de 2011, 05:18h
Alexandr Solzhenitsyn: La casa de Matriona, seguido de Incidente en la estación de Kochetovka. Traducción de Enrique Fernández Vernet. Tusquets. Barcelona, 2011. 193 páginas. 16,00 €
En Incidente en la estación de Kochetovka, segundo de los relatos que forman esta obra del gran escritor ruso, el teniente Zotov vive con zozobra el desarrollo de los acontecimientos bélicos que sufre su amada patria. Relegado a gestionar el tráfico ferroviario en la estación de Kochetovka, por su cabeza pasan mil ideas que abarcan desde sus críticas, mentales obviamente, al modo en el que se estaba afrontando la guerra contra los nazis, hasta su frustración personal por no poder estar en la primera línea del campo de batalla defendiendo del enemigo germano a la Unión Soviética. Allí, en ese microcosmos que era la estación de Kochetovka, donde Zotov decidía que convoy continuaba su viaje y cual debía permanecer unas horas o días parado, es donde sufrirá su propia batalla interna. Donde la empatía con un desconocido será vencida por las necesarias cautelas y desconfianzas que se generan durante el desarrollo de un conflicto armado.

Para afrontar la lectura de este relato, basado en un encuentro entre desconocidos lleno de desconfianza, primeramente hemos de pasar por otro de muy distinta naturaleza, en el que también se acaba redescubriendo a un personaje, pero de un modo muy diferente a lo que ocurre con la historia del teniente Zotov. Matriona es una mujer sencilla, vive en la soledad de su isba sin ningún lujo, sin molestar a nadie, pasando desapercibida para todo el mundo, solo se acuerdan de ella cuando se necesita que alguien eche una mano sin pedir nada a cambio, únicamente en esas situaciones Matriona toma relevancia.

A lo largo de esta historia, que se desarrolla en la perdida aldea de Tálnovo, vamos conociendo los diferentes acontecimientos personales que han desembocado en esa forma de ser introvertida, seria y hasta en ocasiones desagradable. Pero descubrir la verdadera personalidad de Matriona no es la única sorpresa que nos depara este libro, también la propia Matriona se sorprenderá cuando descubra que aquel maestro al que le dio entrada en su hogar y en su vida, a pesar de las reticencias iniciales que le generó el meter a un desconocido en su microcosmos, acabó siendo el motor que dio pie a una experiencia en la que ambos, ella y el maestro, enriquecieron sus vidas de un modo impensable en el momento en el que se conocieron.

Ese maestro al que Matriona alquiló un catre con desgana no es otro que el propio Alexandr Solzhenitsyn, que nos relata en primera persona como fue su vivencia en la isba de Tálnovo a su regreso del gulag en el que estuvo recluido por el opresivo y tirano régimen comunista soviético. Sufrió esta condena por ir contra el régimen y criticar al todopoderoso Stalin, el cual infundía respeto únicamente a través del miedo. De esa experiencia en los campos de trabajos forzados nacería el gran éxito mundial que fue Archipielago Gulag, posiblemente su obra más conocida, pero como todos los genios de la literatura, su bibliografía esconde auténticas joyas como son los dos relatos que encontramos en este volumen.


Por Jorge Pato García
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