RESEÑA
Eduardo Chirinos: Anuario mínimo
domingo 13 de mayo de 2012, 14:53h
Eduardo Chirinos: Anuario mínimo. Luces de Gálibo. Barcelona, 2012. 116 páginas. 12 €
Hacer un recorrido por la propia biografía desde la inevitable desazón de los 50 años, punto de partida de este poemario, parece presuponer un serio ejercicio de reflexión sobre el presente y el futuro, la juventud y la vejez, un debate interior con lo que se es y se ha sido y no se ha llegado a ser… Sin embargo, felizmente, Eduardo Chirinos (Lima, 1960), en este Anuario mínimo, lo que hace es únicamente “reunir al azar breves fragmentos”. Un par de ellos por año que la edición presenta de forma acertada en el reverso y anverso de cada página. Así, a modo de metáfora, se muestra al lector “como un libro abierto” en esos instantes que la emoción y la memoria eligieron para conformar este álbum de su vida. El resultado es una obra original y acogedora, que nos atrapa con suavidad y nos deleita en profundidad.
Anuario mínimo supone un nuevo cambio de registro respecto a poemarios anteriores, entre los que están, por citar sólo los últimos y dejando atrás su labor de ensayista, traductor o antólogo, Mientras el lobo está (2010), Humo de incendios lejanos (2009), No tengo ruiseñores en el dedo (2006), Escrito en Missoula (2003), Breve historia de la música (2001), Abecedario del agua (2000) o El equilibrista de Bayard Street (1998). Es una cara más de su escritura plural que, según él mismo afirma, conforma libros que son “planetas solitarios que se rigen por las mismas leyes de movimiento”.
Se agradece la ausencia del tópico de “nací para escritor”. Lo que hay, en cambio, es una relación de igualdad con la palabra. El lenguaje de Chirinos no es un instrumento; está vivo, siente, piensa y canta y oye y se calla… No ha surgido al dictado del poeta, ha compartido la vida con él. Y sus muchos silencios son ricos e impetuosos, plenos de experiencias propias, y de las nuestras. Leer este libro es como sentarse con un buen amigo a conversar relajadamente de lo divino y de lo humano; de la literatura a la música, de los deportes a la política, de los sentimientos más íntimos, de la amistad, del amor… Todo está en estos rafagazos intensos, algunos deslumbrantes, otros acogedores, simpáticos, tiernos, tristes, clarividentes, reflexivos…, ninguno derrotado. El libro no tiene cierre y uno siente con ello que la vida sigue con la misma fuerza y con la misma cotidianeidad.
También se pueden recoger aquí y allá las imágenes que han conformado nuestra segunda mitad del siglo XX: las bombas nucleares, el amor libre, Elvis Presley, Kennedy, los superhéroes de los cómics, los Beatles, los Rollings Stones, la zarzuela, Gagarin, la perrita Laika, Mao, Marilyn, Den Xiao Ping, Ava Gardner…
Podemos leer este libro en razón a que su autor sea uno de los principales poetas peruanos de los siglos XX y XXI; o porque nos lleven a él sus libros anteriores; o porque queremos descubrirlo. Podría haber muchas razones pero les aseguro que la principal es que es una verdadera delicia hacerlo. “Al lenguaje le gusta que haya poetas”, recuerda Chirinos que le dijo una amiga en una ocasión. A nosotros, lectores, también, sobre todo si el poeta es como Eduardo Chirinos: espléndido, discreto y verdadero.
Por Inmaculada Lergo