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RESEÑA

Fina García Marruz: La voz de Fina García Marruz

Poesía en la Residencia. Residencia de Estudiantes. Madrid, 2011. 81 páginas. 15 €

05-02-2012

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Aunque la poesía lírica, dice Fina García Marruz, se presta más al diálogo silencioso con el libro que a la recitación, hay que aplaudir la aparición de este nuevo volumen de la colección “Poesía en la Residencia”, que recoge -por escrito y en un CD de audio- el recital ofrecido por esta poeta cubana (La Habana, 1923) en junio de 1998 en la Residencia de Estudiantes, y que se suma -es el número 16- a otras relevantes voces de la poesía hispánica del siglo XX.

García Marruz, componente del mítico grupo de la revista Orígenes, fundada por José Lezama Lima, ha sido reconocida con numerosos premios como el Premio de la Crítica (1986), en Cuba, El Nacional de Literatura (1990), el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2007), el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2011) o el Federico García Lorca (2011). La relevancia de esta escritora dentro de las letras hispánicas, y el hecho de no haber tenido hasta hace poco cabida en las editoriales españolas, confieren a esta publicación un especial interés, teniendo en cuenta además el creciente auge de los estudios transatlánticos. En este sentido hay también que elogiar la reciente aparición de la antología ¿De qué, silencio, eres tú silencio?, que se hará de consulta imprescindible por haber sido una selección preparada por la propia autora y por la amplia y acertada introducción de Carmen Ruiz Barrionuevo.

Fina García Marruz es una poeta que da voz a las cosas más sencillas, que para ella son también las más sublimes. No es gratuito el hecho de que abra su lectura con la cita de Píndaro: “Sé el que eres”, porque es el lenguaje despojado, la búsqueda de lo esencial, una desnudez “que no es carencia sino esplendor”, lo que mejor define su poesía.

Y ese pálpito primordial y sincero es -junto a lo familiar y lo religioso- fundamentalmente cubano. De una Cuba entrañable de vivencias personales que gusta reflejar al modo impresionista; una Cuba de azules (“inmemoriales azules / me tocaron hasta el alma”): el azul de la bandera, el azul de los caseríos costeños, el azul “embeleso” de aquellas pequeñas flores de los juegos de su infancia, y el azul siempre del mar, de un mar que canta…: “El mar dice: soy viejo. Antes que el tiempo fuera /
ya yo golpeaba sordo, brillaba y restallaba. //Me tiendo como un león o como la espada / inservible / de un guerrero después de una batalla perdida.”

Una Cuba de música y de voces populares, de “soneros”, de canciones festivas, cercanas… (“¡La banda gigante, como el volumen alto del radio pequeño que se enciende de golpe!”); una Cuba que es -como en José Martí- su hijo pequeño, su “bello niño” (“Tú solo en ese reino indisoluble y grave / has tocado la magia de lo exterior, las cosas / indecibles”); una Cuba que es también sus poetas, sobre todo Martí (“Su traje me conmueve / como una oscura música / que no comprendo bien. / Toco palabra pobre”). Alejados por un momento de la erudición crítica y de otro tipo de cuestiones implicadas con la Cuba de los últimos años, acomodémonos ahora solamente al puro placer de la poesía misma, y al testimonio amigable y cálido que encontraremos en este volumen.

Por Inmaculada Lergo



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