José Luis Melguizo: Muerte al fiscal. Plataforma. Barcelona, 2011. 330 páginas. 19,95 €
La novela negra y policiaca es un género de indudable prevalencia entre el público corriente. Sus crisis, de hecho, son inexistentes, entre otras razones porque, además de divertir mediante el habitual recurso a la acción y la intriga, admite una variedad de registros y estilos y en sus versiones más próximas al realismo ofrecen la posibilidad de indagar los aspectos más sórdidos de la realidad social y política circundante. Dejando a un lado el impacto de modas foráneas y maestros extranjeros, en España no faltan ejemplos de excelentes escritores afines al género, desde el fallecido Manuel Vázquez Montalbán, con su famosa serie sobre el detective Carballo, las novelas negras de Juan Madrid o la saga protagonizada por el agente de la Guardia Civil Bevilacqua, creada por Lorenzo Silva. Menos frecuentemente, se da la irrupción de autores parcial o totalmente desconocidos que aciertan a producir historias bien hiladas y entretenidas, tan capaces de suscitar el interés del público como lo consigue cualquier escritor famoso. Ese podría ser el caso de
Muerte al fiscal, recién publicada este año.
Cabe destacar que, al igual que ha sucedido con cierta frecuencia en un género gemelo del policiaco, como las novelas de espionaje,
Muerte al fiscal ha sido escrita (bajo seudónimo) por un antiguo miembro de los servicios de inteligencia españoles. Ello permite anticipar cierto reflejo de una extensa experiencia personal y profesional con la temática. Y, en efecto, así parece comprobarse en muchas de las descripciones y detalles que van entrelazándose al relato. La historia en cuestión tiene como objeto a la denominada mafia rusa, asunto hasta ahora inédito en la novela policiaca española y escasamente presente en literatura extranjera. Y la trama resulta atractiva desde su misma anunciación en la contraportada: un capitán destinado en el servicio de información de la Guardia Civil se ocupa en perseguir a un poderoso criminal ruso asentado en España (un
Vory V Zakone o “Ladrón en Ley”, según la terminología característica entre los grupos mafiosos surgidos en la Rusa poscomunista). Un veterano fiscal implicado en el mismo problema resulta víctima de un ataque con bomba del que sale milagrosamente ileso y cuyo
modus operandi se verá reproducido en otro atentado posterior ocurrido en Madrid, frente a la sede de un tribunal de justicia. La narración avanza y retrocede cambiando de tiempo y escenario y ayudando al lector a desentrañar, paso a paso, el enigma sobre la autoría de los atentados y sus conexiones con los movimientos del jefe mafioso, antes y después de consumarse su detención. Las pistas a recoger y la acción se reparten entre Madrid, la costa levantina, Bulgaria y Rumanía, con intervención de un amplio coro de actores: los tres protagonistas ya citados, policías y guardias civiles, contrabandistas, criminales y agentes de seguridad de varios países del este de Europa.
En conjunto, nos hallamos ante una novela eficaz y entretenida a la que no sobra ni una página y que deja al lector con ganas de continuar leyendo. Por tanto, una lectura de evasión (o diversión) en primer lugar, pero también de aprendizaje sobre uno de los
fenómenos criminales más preocupantes del presente y sobre las dificultades que dicho fenómeno plantea a la acción de la policía y la justicia.
Por Luis de la Corte Ibáñez