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RESEÑA

Kirmen Uribe: Lo que mueve el mundo

domingo 28 de abril de 2013, 11:43h
Kirmen Uribe: Lo que mueve el mundo. Seix Barral. Barcelona, 2013. 240 páginas. 19 €. Libro electrónico: 9,99 €
El escritor vasco Kirmen Uribe alcanzó justa popularidad, incluida proyección internacional, con el hermoso poemario Mientras tanto dame la mano. Su viraje a la narrativa no estuvo exento de polémica por esas migajas de la velocidad de traducción de la novela Bilbao-New York- Bilbao con la que consiguió el Premio Nacional de Narrativa y el de la Crítica en vasco. Ahora presenta Lo que mueve el mundo, cuyo título original Muscche, apellido del escritor belga Robert Mussche, resulta más revelador pues el texto conforma la etopeya de este personaje que acogió en su casa de Gante a Karmentxu Cundín Gil, uno de los miles de niños que salieron en mitad de la guerra incivil española desde el puerto de Bilbao.

El buque Habana, otrora trasatlántico de lujo, zarpó entre mayo y junio de 1937 repleto de muchachos con esperanzas de libertad y futuro rumbo a varios países europeos y esta podría ser la historia de Karmentxu. Siendo eso, también es mucho más. En efecto, el logro de esta novela respecto a otras historias de los niños de la guerra es el original punto de vista situado en la perspectiva del otro, aquel que recoge al niño y a quien transforma su vida pero fundamentalmente su visión del mundo. Este punto de vista proporciona al texto un alcance mayor en su reflexión sobre los estragos de la guerra y donde van entretejidos la pérdida del amigo, el acceso al amor, la experiencia de la paternidad, a la vez que proporciona al menos una “sepultura de papel para Robert” donde a falta de tumba real pueda acudir aquel que añore al escritor. Además, el propio Kirmen Uribe confiesa en tono metaficcional como la experiencia con su propia hija y la muerte de un íntimo amigo alimentan los ribetes del libro presente.

El narrador es informado por las hermanas Mirante cuyos recuerdos repletos de amargura son indelebles al olvido proporcionado por esa dura enfermedad que es el alzhéimer. El resto del material del cual parte la novela son algunas fotos, un diario de cartas nunca enviadas y otros documentos íntimos contenidos en viejas cajas de cartón y que conforman los restos del naufragio vivencial recogidos por Carmen Mussche, hija del escritor. Las oquedades de tan precaria información son rellenadas con fina emoción, a veces sentenciosa, por el narrador. Sin embargo, surgen delicadas preguntas sin respuesta y confusas conjeturas como la aparición de una carta de hermoso contenido rota en cuatro pedazos. En la lógica de reordenar esos fragmentos del pasado, dotarlos de un sentido de mayor alcance del que dispone la fragmentaria memoria a través de la ayuda de la literatura consiste el objetivo central de esta novela. Una búsqueda de dignidad acompaña de la mano este emotivo recuerdo narrativo en esa rueda del porvenir que es la vida.

En estos tiempos de fuerte erosión de las Humanidades resalto una oportuna reflexión de Robert Mussche: “¿Por qué escribir en flamenco, una lengua situada entre las dos grandes tradiciones de Francia y Alemania?”, se pregunta nuestro angustiado protagonista, “porque me coloca en el mundo como persona”.

Entre la partida del buque Habana de Bilbao a la del trasatlántico Cap Arcona queda contenida esta novela de frase breve y lectura rápida que pone voz y perfil a la vida de esos héroes cotidianos que encarnan con naturalidad aquella frase del alemán Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.”


Por Francisco Estévez
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