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reseña

Lars Gustafsson: El Decano

sábado 26 de marzo de 2011, 14:19h
Lars Gustafsson: El Decano. Traducción de Justina Sánchez Prieto. Akal. Barcelona, 2010. 180 páginas. 11,50 €
A las afueras de Sturdy Batte, donde comienza el desierto, habita Spencer C. Spencer, un catedrático de Filosofía de la Universidad de Texas, especialista en la rama de la Edad Moderna, quien se propone contar al mundo los sucesos acaecidos durante los últimos años de su vida, antes de desaparecer para siempre.

Para ello, enmarca sus vivencias en la Universidad donde trabaja, en la que cobrarán importancia los escándalos académicos, engaños personales, envidias laborales, escarceos amorosos e, incluso, la desaparición misteriosa de personas. Sin embargo, en este puzle falta una pieza fundamental: el Decano, el profesor Paul Chapman, un veterano minusválido de la guerra de Vietnam, que se nos presenta como el centro de poder; un hombre que hace y deshace a su antojo y cuyas intervenciones van modificando el rumbo de la historia.

Así, a través de estos dos personajes, Lars Gustafsson nos presenta este thriller filosófico en el que la realidad y la ficción se mezclan a través de sus páginas. Un relato estimable escrito con un estilo claro y directo, caracterizado por la mezcla de narración y descripciones minuciosas de lugares, pero sobre todo de personajes; en el que el autor recurre, de modo característico, a continuas apelaciones al lector para captar su atención, y en el que sobresalen los numerosos interrogantes sobre cuestiones filosóficas que invitan a la reflexión acerca de cuestiones como la vida, la muerte o el más allá.

Nacido en Västeras en 1936, filósofo, poeta y novelista, Lars Gustafsson es uno de los principales representantes de la literatura sueca contemporánea. En la actualidad vive en Austin (Texas), marco contextual de su última novela El Decano que, junto a Windy habla y la Historia del perro, conforman su "trilogía americana"; una serie de obras en donde se observan la vena fantástica, el juego erudito y la obsesión por el tiempo y la identidad, fieles características de la pluma de su autor.

Por Lara Montero de Espinosa
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