RESEÑA
Pablo d’Ors: El olvido de sí
domingo 26 de mayo de 2013, 13:17h
Pablo d’Ors: El olvido de sí. Pre-Textos. Valencia, 2013. 396 páginas. 25 €
Pablo d’Ors presenta una acusada personalidad literaria en nuestro país con su escritura de prosa acendrada. Lejano a modas y vaivenes de temporada, el nieto de Eugenio d’Ors nutre bien su pluma con la honda experiencia de su ser, la selección de temas y una cuidada atención a las formas. De tal modo, ha practicado con acierto diversas modalidades narrativas, desde el cuento, con la colección El estreno (2000), a las novelas, donde destaco Las ideas puras (2000), la deslumbrante El estupor y la maravilla (2007) o la copiosa Lecciones de ilusión (2008). En el género del ensayo se ha ocupado del paso postrer del ser humano, Sendino se muere (2011), y de relatar su propia experiencia de meditación en Biografía del silencio (2012). Con semejante y resuelto afán, el autor practica en su nuevo libro un subgénero confuso como son las memorias ficticias. El olvido de sí es la recreación literaria del poliédrico personaje Charles de Foucauld. La narración del vizconde francés, religioso y viajero, presenta de forma ineludible lejanos paralelismos con el sacerdote y también viajero d’Ors, no tanto en las vivencias, sino en el sentido e interpretación de las mismas, es decir, en la mirada del escritor madrileño que afirmó hace no mucho tiempo entender la escritura como un ejercicio espiritual.
Si es cierto que toda vida contiene un misterio y, por ello, es digna de ser contada, la de Foucauld lo es en alto grado por la variedad e intensidad de experiencias. Oficial, explorador, geógrafo, sacerdote, militar o misionero el inquieto galo recorre de la mano de distintos maestros, como el conservador de la biblioteca del museo de Argel, el irlandés Mac Charty, o el abate Huvelin, la dominación de lo carnal hasta el ansía de perfección espiritual. Además el eremita redactó un diccionario francés-tamacheq y un libro de impresiones titulado Reconocimiento de Marruecos. El olvido de sí se concibe como la presunta autobiografía que hubiera escrito en los últimos días por insistencia de su confesor y en la que desearía ofrecer “una visión del hombre y del mundo menos fatua”.
Ciertamente, una punta de vanidad recorre perenne la etopeya del protagonista y la radicalidad de su vocación lo acercan a ese personaje inmortal de Nazarín que retrató Galdós en fechas contemporáneas a las vividas por Foucauld (ante el cambio de siglo en el ambiente europeo flotaba la necesidad urgente de recuperar un modelo cristiano más evangélico y vivencial, menos doctrinal). Sin embargo, las distintas paradojas de estas memorias recreadas en primera persona muestran con acierto las contradicciones del personaje dando nitidez al perfil de quien predicó la moderación siendo siempre un exagerado. La recreación de la voz de Foucauld, en sus sinsabores, en sus anhelos, en sus sufrimientos, en definitiva, en su vida, por parte de D’Ors es notable hasta el punto que el reflejo de sus obsesiones impresionará a los ajenos al personaje recreado.
El lector conocido disfrutará los ecos de la voz de Pablo d’Ors como, por ejemplo, la delicada atención sobre los objetos y la tensa reflexión que estos originan. El texto, impregnado de pasajes vibrantes y reflexiones de altura como aquellas revelaciones presentadas al francés en un simple paseo por el bosque, no alcanza tan altas cotas de excelencia como aquellas memorias de Vogel en la novela El estupor y la maravilla. Sin embargo, es sin duda superior a tanta prosa desvaída que yace apenas nata ya difunta en la mesa de novedades. Un valor firme, Pablo d’Ors es un notable escritor.
Por Francisco Estévez