www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

RESEÑA

Takuji Ichikawa: Sayonara, Mio

domingo 18 de marzo de 2012, 13:29h
Takuji Ichikawa: Sayonara, Mio. Traducción de Jordi Fibla. Alfaguara. Madrid, 2011. 256 páginas. 16 €
Existe una literatura de fórmula, de situación, en la que la narración parte de una circunstancia inicial anómala que luego se desarrollará por sí misma en el relato. No es en sí misma una literatura mejor o peor que otras, y hay grandes obras maestras de este subgénero: El licenciado vidriera, La metamorfosis, Breast, de Philip Roth, son algunos ejemplos. El libro que nos ocupa, Sayonara, Mio, de Takuji Ichikawa, entra dentro de este grupo. Un hombre joven, soltero, vive con su hijo. Su mujer, Mio, murió hace un año. Comienza la temporada de lluvias en Japón, y con ella llega el fantasma de su mujer muerta, que vuelve a vivir con ellos. El fantasma no tiene memoria y se va adaptando a su nuevo estado con calma y una gran carga de enigma. El padre y el hijo aceptan el fantasma y lo disfrutan, y aprovechan para sanar heridas que quedaron abiertas con la prematura muerte.

Japón es un país muy propenso a los fantasmas. No solo hay fantasmas de muertos, sino que también hay fantasmas de vivos,ikiryoo, seres que se desgajan de nosotros en situaciones traumáticas. ¿Cuántos fantasmas tenemos? ¿Cuántos dejamos atrás en nuestras vidas? Hay una película del magnífico director japonés Kore Eda, Maboroshi, que trata de los fantasmas del pasado y de su liberación. Sayonara, Mio juega con este tema de forma diferente, más racional, en un estilo murakamiano, postmoderno japonés, con abundantes toques de comercialidad. Un hombre joven y viudo vive a la deriva con su hijo. Está escribiendo una novela en la que su mujer muerta vive en el planeta Archivo. Un día vuelve su mujer, pero él sabe que Mio retornará a su planeta. Ese día llega. Mio desaparece. Pero por una argucia del destino, la cosa se aclara y se resuelve en un loop temporal del que el lector se puede preguntar cómo escaparán los personajes. Recuerda a El fantasma y la señora Muir de Mankiewicz, pero en versión japonesa, minimalista y postmoderna: cuatro personajes (literales) más un perro que desaparece; metahistoria; ¿back to the future o forward to the past?

Sayonara, Mio es una novela cinematográfica, delicada, minimalista. Dice cosas como: “Sin duda, los humanos nos enamoramos una y otra vez de la misma persona, y cada vez que esto sucede nos convertimos en adolescentes, con granos y un corazón demasiado sensible” o “en todas estas expresiones sencillas, como ‘Buenos días’, ‘Qué rico está esto’, ‘¿Has dormido bien?’ es donde reside el amor”. También: “La seriedad se relaciona con la confianza, y éste es uno de los elementos más importantes que componen el amor”. Ya ven que habla mucho del amor. Pero a menudo de una forma plana, como un torpe e infantil, aunque bonito, dibujo bidimensional. Sayonara, Mio es un libro interesante, pero con tópicos que afloran hasta en el título. En algunos momentos roza lo bello, pero nunca lo sublime que aconsejaba nuestro viejo amigo Kant. Su lectura, pese a los viajes en el tiempo, es extrañamente monótona. La traducción, domesticada hasta puntos increíbles, no ayuda mucho a captar su “japonesidad”. Pero eso es otra historia. En Japón, Sayonara, Mio tiene ya una versión manga. Algunos la disfrutarán.


Por José Pazó Espinosa



¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios