Antonio D. Olano
ANTONIO D. OLANO es periodista de larga trayectoria en el ámbito cultural. Amigo personal de Pablo Picasso, es especialista en la figura del malagueño, de quien ha publicado una docena de libros.
lo insólito cotidiano
Centenario de la Gran Vía (II)
En el rascacielos final de la Gran Vía, yo acudía a la caza y captura de personajes como Conchita Piquer, su marido el torero Antonio Márquez. Y en ese mismo edificio asistí al compromiso de la hija de ambos, Conchín, con el mítico torero Antonio Márquez. En ese mismo edificio, el “Coliseum”, construido por el compositor Jacinto Guerrero — que ocupaba una de las plantas- fijó su residencia el escritor Alfredo Amestoy, adorador del “art decó” al que pertenece la arquitectura de dicho inmueble. Nadie dejaba de asombrarse ante el que durante un tiempo fue uno de los edificios más altos de la Villa y Corte. Se hizo al tiempo piropo dedicado a las chulapas castizas: “Eres más alta que la Telefónica de Madrid”. En sus locutorios soportábamos esperas desesperantes cuantos aspirábamos a comunicarnos con algún lugar de España. Hablar con Logroño y esperar menos de dos horas, era una verdadera suerte. No puede uno referirse a un río ignorando su desembocadura y sus afluentes. La frontera con la Gran Vía la marcan la cercanísima Plaza de España. Cabeza de ella dos rascacielos que al ser construidos asombraron a todos los madrileños: La Torre de Madrid, domicilio de Luis Buñuel y de Fernando Díaz Plaja. Y el Edificio España, cuyas vidrieras limpié, por fuera, para un programa de la S.E.R. titulado “Entre la espada y la pared”. Allí, en el “Hotel Plaza” se hospedó en su primer viaje a España mi amigo el Ché Guevara. Lo llevé, en su primer contacto con Madrid a la Gran Vía. En una de sus cafeterías, “California” desayunamos al día siguiente. Después Pepín Fernández abrió para el Ché su “estrella”, “Galerías Preciados”. Era domingo y Guevara precisaba adquirir una máquina de escribir portátil y varios libros. El uerrilero mítico se paseaba con su uniforme verde oliva y le pedían autógrafos los viandantes. De la Gran Via no puedo olvidar “Sepu” — “quien calcula compra en Sepu, era su recamo publicitario- ni “La posada del mar”, auténtico bar marinero, con su lancha y redes a la puerta. Estaba en el número 32. Pro parecía trasladada al mar de la Gan Via desde el puerto pesquero donostiarrra. Allí preparábamos, junto a Alberto Oliveras, su programa “Ustedes son formidables” que, en sus noches mágicas, movilizaba a toda España. Millares de personas llenaban la Gran Vía y, con sus transistores, seguían la emisión de los milagros. Entre sus logros figurará para la Historiade la liberación de la mujer africana, la primera que obtuvo su libertad: la africana Colette Mekui.


