20 años de la caída del Muro de Berlín
viernes 06 de noviembre de 2009, 20:29h
Han pasado dos décadas desde que asistimos a ver con asombro, en vivo y en directo cómo los berlineses se encaramaban en el Muro de la ignominia aquel 9 de noviembre de 1989, y ponían fin a un doloroso proceso de división explicable en la Europa contemporánea. Lo hicieron sin que se les disparara siquiera por acercarse. No fue gratuito. El imperio soviético y sus satélites, se estaban desplomando, si bien no ocurrió todo de golpe ni de repente.
A diferencia de los estudiosos de las Relaciones Internacionales y de los historiadores que opinan que la caída del Muro simboliza per se y supone ser el final de la Guerra Fría, pensamos que es un símbolo nada más, pero no la terminó; otros sucesos fueron los que sí le pusieron fin en los años subsecuentes y eso debemos dejarlo claro en su veinte aniversario.
El 10 de noviembre por ejemplo, no pasó nada más, muestra de que en el mejor de los casos aquella tremenda caída representó el símbolo del inicio del final del mundo bipolar de la posguerra y de la Guerra Fría, mas no fue el final de ella en sí.
La caída fue seguida de aquellas inolvidables imágenes de los ciudadanos que en Europa del Este clamaron durante ese 89, el 90 y el 91 por la libertad y defenestraron modelos de desarrollo socialistas, que los reprimieron aunque les dieran de comer. Luego se podrá decir que el socialismo salió bien librado del derrumbe soviético, pero allí está la Historia para quién quiera verla. Verlos como los vimos, derribar estatuas de Lenin, de Marx, de Stalin, no puede argüirse como muestra palpable de que aquella doctrina rechinaba de limpia y encabezaba la lista de preferencias. No fue así en Europa del Este.
En nuestra opinión, la Guerra Fría realmente terminó al desaparecer la Unión Soviética la noche vieja de 1991. El proceso desencadenado en Berlín tocó fin. Debe eso sí afirmarse y recordémoslo, que se considera que el siglo XX inició en 1914 y se terminó en 1989. Si bien el sabor de fin de siglo tardó unos 7 años en llegar, ciertamente el tema del Muro era un parteaguas en la historia europea e internacional.
Y ahora parece sorprendente todo lo acontecido. ¿Cómo se vino abajo el todopoderoso imperio soviético? En mis años de estudiante primaria o secundaria, en los años ochenta, cuando aprendimos que había dos Alemanias y que existía Yugoslavia y la Unión soviética, me preguntaba cómo se derrumbaría y cuándo ocurriría aquella transformación; no hallaba solución a cómo y para qué lograr una Alemania unificada. Sin cortar con todos los factores para su debido estudio, simplemente echando una mirada espontánea al problema. Y me preguntaba si Alemania debía ser para siempre un país partido en dos. Cambiarlo todo parecía impensable, imposible.
Cuán brusco me resultó ver un par de años después (aún no existía la internet abierta) el primer mapa de Europa ya con Alemania unificada y sin la Unión Soviética. Raro lo fue en verdad. Una sensación de que con el Muro de Berlín en el suelo, cambiaron tantas cosas. Y éramos testigos otra vez. De cambios históricos. Quedaba claro que el cambio era algo más que una denominación geográfica.
Se han ido veinte años y se afirma que Alemania aún no está mentalmente unificada. Hace diez años se dijo que acaso los nietos de quienes bailotearon en el Muro aquel noviembre del 89, serían quienes asumirían esa unificación. No deja de ser un proceso interesante, con claroscuros, pero imparable. Alemania resurgió de las cenizas y es hoy la locomotora de la UE. No es gratuita ni sencilla esa tarea; hay disciplina detrás y no sabemos que deparará a Europa una Alemania fuerte, con una juventud renovada.
En todo caso, la caída del Muro no dejó de ser vista como símbolo de libertad ciudadana. No será sino uno de sus simbolismos, acaso el más apreciado.