Crisis griega, crisis institucional
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 09 de noviembre de 2011, 18:01h
Un país mítico, desde luego. Grecia concita en el mundo occidental toda clase de ficciones basadas en el más glorioso pasado intelectual conocido en la historia, pero que, adelanto ya, tiene muy poco que ver con los griegos actuales. Muy poco que ver en ninguna de sus facetas, ni siquiera en la humana, ya que solo en un pequeñísimo porcentaje, podríamos decir, que los actuales helenos descienden de los atenienses del milenio anterior a Cristo. Y desde luego, si comparamos su historia desde entonces, enmarcada en una dominación secular otomana en los últimos siglos, que sojuzgaron los Balcanes hasta su última punta en la península del Peloponeso, deja muy poco del legado clásico, de la “semilla de la civilización europea” ligado a Grecia.
Un país pequeño, pero matón por lo que parece, al menos, matón del euro. Su superficie es de 132.562 km² incluyendo aguas interiores de la cuenca del Egeo, islas e islotes. De acuerdo a estudios demográficos de Eurostat, la población de este país es de 11.244.118 habitantes (vid cualquier página en la red para estos datos). Y con un PIB pequeño en relación con el global de la UE, Grecia, como otros países del Sur europeo, se ha caracterizado por un desorden económico basado en la falta de productividad, en el plano económico, y en la falta de reglas, en el plano jurídico.
No hubiera costado tanto imponer serias medidas a Grecia… si no hubiera sido porque el Pacto de Estabilidad y Crecimiento fue volado por los aires por la propia Alemania (Gerhard Schröder) y Francia (Jacques Chirac). Estos dos “¿líderes?”, decidieron ponerse por montera a la Unión Europea y arremetieron contra el Pacto, exigiendo, primero “flexibilidad” en su aplicación y luego, ya sin pudor alguno, su práctica eliminación.
Y viene bien a cuento atender a la historia, por cierto muy reciente, porque demuestra que en la Unión Europea, la falta de Instituciones es la clave de su precipicio, de la pendiente por la que se está despeñando.
Si existiera un auténtico Ministro de Economía Europeo, un verdadero pacto fiscal, con poderes suficientes y con independencia bastante, al modo del Banco Central Europeo, las cosas podrían ir un poco mejor. Ciertamente tendría que tener objetividad, neutralidad, imparcialidad y una misión muy clara y muy bien definida. Pero ello permitiría sentar las bases para salir de la crisis, al menos con menor lesión de la que estamos sufriendo ahora. Porque lo cierto es que hoy por hoy, Europa está en un “sálvese quien pueda”, a punto de entrar en bancarrota más de una economía (lo de “default” es un anglicismo cursi y tontorrón, que además no distingue entre la suspensión de pagos y la quiebra) y, en general, nadie tiene confianza porque todos hacemos trampas como Estados, trampas en el propio solitario de cada Estado Miembro, porque estamos efectivamente solos, cada vez más, sin que la compra de apoyos por parte del Banco Central Europeo sirva de algo más que de un pequeño tapón en la hemorragia.
Europa sin reglas no es Europa. En Estados Unidos, con todos sus inmensos defectos, hay al menos una autoridad federal que toma decisiones. Mientras, aquí en Europa, actuamos en un Sanedrín, un verdadero Soviet en el que como el viejo Comité Central de la URSS, se vota y se vota cada decisión, convirtiendo en pura democracia lo que debería ser una decisión jurídica, siempre motivada, basada solo en reglas de un Estado de Derecho Europeo.
Grecia nunca debió entrar en el euro. Ya sé que no hay que lamentarse por las heridas antaño recibidas. Pero sí aprender de su lección. Es una broma de mal gusto que hayamos construido un euro con las trampas de la ingeniería fiscal que permitió que un embeleco como el heleno les haya permitido contagiarnos.
Más reglas y por tanto más mercados. Y si entre esas reglas está la de la expulsión de Grecia del euro, pues aplíquese, que luego duele más soportar cotidianamente la herida que acabar con ella de una vez por todas. O Europa va logrando su institucionalización o este sueño común acabará convirtiéndose en una pesadilla.
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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