Luis Alejandre

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LUIS ALEJANDRE es general de Ejército y ex Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra y miembro de AEME

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Desde Menorca

Iraq. Vías hacia la normalización

24-02-2009

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Mientras aumenta la preocupación por la situación en Afganistán, hay indicios claros respecto a una deseada normalización de la vida en Iraq. Las elecciones al parlamento celebradas con normalidad democrática en la primera semana de Febrero, son una muestra clara de ello. No deja de ser una circunstancia deseada que nos alegra a todos, que premia tantos esfuerzos y sacrificios de personas honestas que apostaron por conseguirlo, a pesar de que otras, menos honestas, la enturbiaron. Los EEUU supieron reconducir a tiempo aquella mal planificada postguerra de Rumsfeld salpicada de escándalos, y han sabido ir responsabilizando progresivamente a las autoridades iraquíes, como la mejor vía para programar un repliegue digno. Es el gran mérito del general Petraeus.

Por su parte los norteamericanos han intentado limpiar sus propios trapos sucios. Una Comisión de Contratos de Guerra reunida el pasado 1 de Febrero en Washington han tildado de “planificación chapucera”, ”frágil supervisión” y “gran corrupción” determinados contratos con empresas civiles que “han drenado recursos públicos y perjudicado a las tropas”. Dura sentencia.

Por supuesto, no será fácil la total transferencia de responsabilidades. Surgirán restos de violencia, dados los antecedentes históricos del conflicto, teniendo en cuenta las culturas que conviven en la antigua Mesopotamia. El pasado 23 de Noviembre, el Parlamento Iraquí aprobaba por 149 votos contra 35, el SOFA -documento habitual en el sistema OTAN que enmarca las condiciones en que pueden desarrollar sus actividades, las tropas extranjeras en un determinado territorio- o Acuerdo de Estatuto de Fuerzas, con los Estados Unidos y, el 5 de Diciembre lo aprobaba el Consejo Presidencial, formado, como se sabe, por el Presidente de la República, el kurdo Talibani, los vicepresidentes el chií Mahdi y el suní Haseni, junto al primer ministro Maliki. Todo un encaje de bolillos para integrar las históricas etnias.

A pesar de que Obama prometió en su campaña electoral, abandonar el país en 16 meses, el acuerdo firmado en Bagdad señala un plazo de tres años -es decir los americanos abandonarán Iraq antes del 31 de Diciembre de 2011- salvo que el referéndum para ratificarlo, a celebrar en Julio, pueda reducir este plazo a un año. Fue la condición impuesta por los suníes en la difícil negociación del Acuerdo. Este, contempla, además, que los soldados estadounidenses serán responsables ante la justicia iraquí, de graves delitos cometidos fuera de sus bases. Es decir, marca ya claros límites a la impunidad de las fuerzas extranjeras, consolidando la soberanía del país. En una primera parte el acuerdo se refiere al marco estratégico, tocando temas de economía, educación e incluso de cultura. La segunda parte es más operativa, señalando plazos, como el de la salida de las ciudades fijado para Julio de este año, o el control del espacio aéreo. Un comité de coordinación regulará las condiciones de las operaciones militares combinadas, también, con un diseño muy común en el ámbito OTAN.

Las conclusiones que se deducen son obvias: se refuerza el papel del primer ministro Al Maliki, mientras se da la espalda a fanáticos y estrambóticos clérigos. Se dan plazos de salida a los actuales 140.000 soldados que aún sirven en el país. Se consolida el prestigio de Petraeus, que ya es presentado en ciertos círculos como presidenciable para la Casa Blanca. Ha sabido ceder protagonismo al Gobierno de Bagdad, de mayoría chií, ocupando un prudente y medido segundo plano. También los chiís han aprendido la lección de 1920, cuando se negaron a pactar con el imperio británico, que les ofrecía una progresiva transferencia de responsabilidades. Aquel se vio obligado a hacerlo con sus enemigos los suníes, que desde entonces constituyeron las minorías dominadoras en el país, hasta la caída de Saddam.

Historia, estrategia y táctica como lecciones aprendidas. Todos nos alegramos.







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