La crisis de los símbolos
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 24 de febrero de 2008, 22:40h
En las próximas elecciones políticas, los italianos no encontrarán el tan anhelado cambio de sistema electoral, sino una nueva oferta política: alianzas y formaciones nuevas. El terremoto motivado por la decisión del Partido Democrático (PD) de presentarse en solitario sigue teniendo un efecto innovador, obligando a los principales partidos tanto del centro-izquierda como del centro-derecha a adaptarse al nuevo clima. Entre los cambios en materia de partidos y símbolos, desaparece la Unión y la Casa de las Libertades con sus respectivos partidos: en su lugar aparecen el PD y el Pueblo de la Libertad (PdL). Los democristianos (UDC), según los deseos de la jerarquía católica, deciden presentarse con su propio símbolo. Los partidos situados más a la izquierda y los verdes, frente a la negativa de Veltroni a formar una nueva alianza, concurrirán en la Cosa Rossa. De esta forma parece simplificarse la oferta electoral, polarizando la competición e intentando "corregir" de forma indirecta la ineficacia del sistema electoral vigente. Pero hay que tener en cuenta algunos factores: la sobrerepresentación del centro, que a falta de acuerdo, presentará tres partidos y una oferta moderada-católica quizás excesiva; la desorientación de muchos electores que aún no se han familiarizado con estos nuevos partidos; la devaluación de los símbolos. Este último punto merece profundizarse: pese a la propensión italiana por el voto ad personam, dependiente de la fidelidad a específicos líderes políticos, los símbolos resultan imprescindibles y necesarios: el símbolo apela a la emoción y al recuerdo del votante. Los símbolos son evocativos, contienen el elemento esencial de la identidad política, la sensación de pertenencia a un grupo: en los símbolos de los partidos políticos la gente se reconoce, dándole un valor superior. Por eso, Berlusconi insistía en convencer a la UDC a entrar en el PdL, con la esperanza que desapareciera uno de los símbolos políticos más conocido: el escudo cruzado, signo que implica las raíces cristianas, el espíritu de las cruzadas. Al contrario, izquierda y derecha extrema podrán ser victimas de este abandono: los comunistas se presentarán por primera vez sin el clásico emblema de la hoz y el martillo, que sintetizaban el anclaje al mundo del trabajo en la tierra y en las fábricas, sustituido por un arcoiris; los radicales también han decidido abandonar su emblema, símbolo de la laicidad, convergiendo en el PD; la situación en la derecha podría resultar confusa: quien quiere votar por la nieta de Mussolini, nostálgico del pasado fascista, deberá votar por el PdL, pero quien quiera votar por la "llama tricolor" del partido heredero del fascismo deberá votar por la Derecha en una fragmentación que podría significar confusión. El giro ecologista de la izquierda y el uso de símbolos provenientes del fútbol para la derecha es fruto de valoraciones de marketing: deben ser simples y evocar imágenes convencionalmente positivas, posiblemente relacionadas con serenidad o éxito. Finalmente, se transforman en simples signos de orientación al momento del voto o iconos comerciales, dejando de representar ideales más profundos o socialmente compartidos. Del símbolo a la imagen.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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